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junio 22, 2015

San Calixto I, Papa y Mártir

San Calixto I, Papa y Mártir
Octubre 14 

Calixto I (* Roma, ha. 155 – † 222) fue el papa nº 16 de la Iglesia católica.

16 -San Calixto I: Roma; 217-222.
Nació en Roma. Mátir. Elegido papa en el 217, murió en el 222. Mandó construir las famosas catacumbas de la Via Appia donde fueron enterrados 46 papas y unos 200000 mártires. Bastoneado a muerte fue arrojado a un pozo donde hoy se alza la iglesia de S. María en Trastevere.

Martirologio Romano: San Calixto I, papa y mártir, que, cuando era diácono, después de un destierro en la isla de Cerdeña tuvo a su cuidado el cementerio de la vía Apia que lleva su nombre, donde dejó para la posteridad las memorias de mártires, y elegido papa, promovió la recta doctrina, reconcilió benignamente a los apóstatas, terminando su intenso pontificado con la gloria del martirio. (217 + 222)

El papa San Calixto es, indudablemente, uno de los Romanos Pontífices que más sobresalieron a fines del siglo Il y principios del Ill, en un tiempo en que multitud de corrientes más o menos peligrosas trataban de desviar a la Iglesia del verdadero camino de la ortodoxia y del justo medio de la disciplina eclesiástica. Por desgracia, la mayor parte de las noticias que sobre él poseemos nos han sido transmitidas por su apasionado enemigo y contrincante, San Hipólito. Sin embargo, combinando estas noticias con las que nos transmiten el Líber Pontificalis (o historia oficial de los Papas) y otras fuentes, podemos estar bastante seguros de la objetividad de nuestra información.


Según el Líber Pontificalis, Calixto nació en Roma, y su padre, llamado Domicio, residía en el barrio denominado Ravennatio. Era de condición esclavo; mas, dotado, como estaba, de extraordinarias cualidades, supo levantarse poco a poco hasta llegar a ser obispo de Roma, rigiendo con notable acierto a la Iglesia durante los cinco años que duró su pontificado (217-222).

De su actuación durante los primeros años de su vida nos comunica Hipólito algunos datos, que justamente podemos poner en duda, pues, siendo Hipólito tan apasionado, y tratando de denigrar en lo posible a Calixto, pudo inventar, o al menos exagerar, las noticias que sobre la vida de Calixto conocía. Ante todo, se compl,ace en ponderar su condición de esclavo. Según él, en efecto, era esclavo de un cristiano, llamado Carpóforo, y, habiendo dado pruebas de sus cualidades naturales, su amo puso toda su confianza en él y le encargó de algunos asuntos comerciales o financieros de particular importancia. El resultado fue que, habiendo perdido él gran cantidad de dinero, se encontró en grande apuro frente a su amo Carpóforo. Naturalmente, Hipólito supone que esto sucedió por malversación o mala administración de Calixto; pero no existe ningún Indicio que lo confirme; antes, por toda su conducta posterior, debemos más bien admitir que las pérdidas sufridas no se debieron a ninguna causa deshonrosa para Calixto.

Perseguido, pues, por su amo, logró Calixto escapar de Roma; pero fue alcanzado en Porto cuando intentaba huir por mar, y poco después se le impuso un denigrante castigo, propio de esclavos, obligándole a mover la rueda de un molino. Pero entretanto, como insistieran los acreedores para que se le pusiera en libertad, con la esperanza de poder recobrar sus pérdidas, hizo Carpóforo que le levantaran el castigo, y así intentó Calixto entablar negocios en una sinagoga de judíos; pero, temiendo éstos ser envueltos en sus engaños, reales o supuestos, le llevaron ante el prefecto de Roma, el cual le hizo azotar y le sentenció luego a ser deportado a las minas de Cerdeña.

Dejando a un lado, como sospechoso, todo lo que signifique mala conducta en Calixto, podemos afirmar, en conclusión, que durante estos años, como sucedía a las veces con los esclavos que se mostraban particularmente inteligentes y bien dotados, le encomendó su amo Carpóforo algún asunto delicado, y, habiendo salido mal, fuera de quien fuera la culpa, fue castigado a las minas de Cerdeña.


Y aquí comienza una nueva etapa en la vida del esclavo Calixto. Como en Cerdeña se encontraban multitud de cristianos condenados a los trabajos forzados de las minas, Calixto fue considerado como uno de ellos. Por esto, cuando, por el año 190, Marcia, la favorita del emperador Cómmodo, que era de corazón cristiana, obtuvo la libertad para los cristianos castigados en las minas de Cerdeña, vencidas algunas dificultades, consiguió también ser librado Calixto, y, al ser conducido a Roma, recibió la orden del papa Víctor (189-199) de permanecer en Ancio.

No se sabe con toda seguridad si ya desde un principio, siendo esclavo del cristiano Carpóforo, era cristiano, o si abrazó después el cristianismo, tal vez por el contacto con los deportados de Cerdeña. En todo caso, desde este momento aparece como cristiano, a las órdenes de los Romanos Pontífices. Tampoco aparece cuándo dejó de ser esclavo, recobrando públicamente su libertad. Si es que en realidad fue esclavo, como lo afirma Hipólito, a partir de su vuelta de Cerdeña, se presenta como cualquier otro hombre libre, desarrollando una actividad cada vez más intensa. Tampoco conocemos el motivo por el que el papa Víctor, al volver Calixto de Cerdeña hacia el año 190 ó 191, le ordenó que se retirara a Ancio. De hecho, allí se detuvo Calixto hasta el principio del pontificado de San Ceferino (199-217), aprovechando este tiempo de retiro para intensificar más y más su formación religiosa, preparándose para los grandes problemas para los que le destinaba la Providencia.


El papa Ceferino fue quien puso finalmente a Calixto en situación de poder realizar una obra positiva en beneficio de la Iglesia y dar claras pruebas de sus extraordinarias cualidades. Efectivamente, conociendo sus dotes naturales y los inagotables recursos de su ingenio, apenas elevado al Solio pontificio llamó a Calixto a Roma y le encargó de la catacumba de la vía Appia, que posteriormente recibió el nombre de San Calixto. Entonces, según suponen algunos, recibió oficialmentie la libertad, entregándose con toda su alma a la organización y embellecimiento de aquella catacumba, lo que constituye la primera de las importantes obras en que intervino este gran Papa.

Su principal empeño consistió en unificar las diversas partes iniciales, como eran la cripta de Lucina y otras existentes en sus proximidades, dando a todo el conjunto una extensión mayor y convirtiéndolo en el principal cementerio cristiano. Sobre todo, fue obra suya el destinar una de las partes principales de esta catacumba para sepultura de los Papas. Es lo que, desde entonces, se designó como Cripta de los Papas, donde fueron sepultados, durante todo el siglo III, todos los Romanos Pontífices, excepto Cornelio y el mismo Calixto. No es, pues, de maravillar que posteriormente este cementerio o catacumba fuera designado como cementerio o Catatumba de San Calixto. De hecho fue el primero que pasó a ser plena propiedad de la Iglesia. El mismo papa San Ceferino ordenó de diácono a Calixto y le tomó como su principal auxiliar y secretario.

Teniendo, pues, presentes las extraordinarias dotes personales de Calixto, a la muerte de San Ceferino, el año 217, fue elevado al Solio pontificio como su sucesor. Y, por cierto, las circunstancias eran bien difíciles para la Iglesia, por lo cual constituye un mérito muy especial de San Calixto el haber resuelto, con su autoridad pontificia, algunos problemas sumamente agitados durante su pontificado.

Dos fueron las cuestiones, a cuál más importante, en las que intervino el nuevo Papa, a las que va unido su nombre en la historia de la Iglesia: la cuestión dogmática sobre la Trinidad, representada por el sabelianismo, que afirmaba una unidad exagerada en la esencia divina y destruía la distinción de personas, y la cuestión del rigorismo exagerado de los montanistas o los defensores de Tertuliano. En ambos problemas tomó Calixto importantes decisiones, que marcaron el punto medio de la verdadera ortodoxia católica. Pero también en ambas cuestiones se aprovecha su rival Hipólito para calumniarlo y desacreditarlo ante la Iglesia universal.

Por lo que se refiere al problema del sabelianismo, es bien conocido el hecho de que, a fines del siglo II y principios del III, los discípulos de Noeto y Práxeas, y sobre todo Sabelio, defendían obstinadamente la teoría de la absoluta unidad de la substancia o esencia divina, de tal manera que no admitían en la Trinidad otra distinción que la meramente modal. Así, según Sabelio, el Hijo y el Espíritu Santo no eran más que diversas modalidades o, como él decía gráficamente, diversos rostros (prósopa) de la, esencia divina, con lo cual destruía por completo la Trinidad. Frente a un error tan craso y estridente levantáronse en Africa Tertuliano y en Roma Hipólito; pero, a! refutar éste aquellos errores, insistía de tal modo en la distinción del Hijo respecto del Padre, que parecía hablar de dos dioses o dos divinidades. Por eso los sabelianos le echaban en cara que, al quererlos refutar a ellos, defendía un biteísmo igualmente reprensible.



Así se explica que durante el pontificado del papa San Ceferino había reinado gran confusión en esta materia. Por esto se vió Calixto obligado a intervenir con decisión; pero en su impugnación del sabelianismo tomaba el término medio de la ortodoxia, sin aceptar la doctrina de Hipólito. Por esto, con su acostumbrado apasionamiento, le acusa éste de defender la doctrina sabeliana. En realidad no fue así, sino que rechazaba por un lado a Sabelio y por otro a Hipólito, sin determinar explícitamente en qué consistía la verdadera doctrina. Por esto Hipólito se levantó contra Calixto como antipapa y luchó tenazmente contra él: pero al fin, desterrado él mismo por la fe cristiana, reconoció su error, se reconcilió con el sucesor de San Calixto y murió mártir.

Entretanto San Calixto, bien informado de la peligrosa propaganda de los sabelianos, llamados también monarquianos o modelistas, lanzó la excomunión contra Sabelio y sus partidarios, pero al mismo tiempo, sin condenar propiamente a Hipólito, rechazó las teorías que tendían a subordinar al Logos, es decir, a Cristo, a Dios, con lo cual favorecían cierto dualismo en la divinidad, y juntamente se exponían al peligro de un verdadero subordinacianismo que niega la igualdad del Hijo con el Padre y, por consiguiente, su divinidad. Precisamente de esta tendencia se derivó despues el arrianismo.

Con semejante visión certera de las cosas, y con idéntica prudencia y energía, el papa San Calixto intervino en las cuestiones disciplinares y prácticas, suscitadas en este tiempo por el rigorismo de los montanistas, a los que se juntó luego el fogoso Tertuliano desde Cartago. Efectivamente, esta secta de fanáticos y rigoristas, capitaneada por Montano desde mediados del siglo II, so pretexto de aspirar a la mayor perfección y pureza de los cristianos ante la próxima venida o parusía del Señor, defendían el principio de que los que cometían ciertos pecados mayores, llamados capitales (apostasía, homicidio, fornicación o adulterio), no podían obtener perdón y por lo mismo dejaban de pertenecer a la Iglesia, pues estos pecados eran imperdonables, ya que la Iglesia no tenía poder para perdonarlos.



Pues bien: estos y semejantes principios rigoristas, que, por una parte, por su apariencia de mayor perfección, fascinaban a muchos incautos, y por otra eran fatales para la verdadera doctrina cristiana, adquirieron gran extensión e intensificaron su propaganda a principios del siglo lll, en que, con su apasionada y arrolladora elocuencia, se puso de su parte el gran escritor Tertuliano. Por esto el papa San Calixto se vió obligado a intervenir en favor de la misericordia de Dios para con los pecadores y del poder de la Iglesia de perdonar los pecados. Precisamente en este punto su contrincante y mortal enemigo Hipólito acusa a Calixto de un laxismo exagerado, llegando a lanzar contra él la calumnia de que admitía sin distinción a todos los tránsfugas de las sectas; que admitía entre los clérigos o los bígamos o casados por segunda vez, a los fornicarios, etc.

Despojando estas acusaciones de todo que es evidentemente exagerado y calumnioso, la realidad era que San Calixto trató de oponerse con toda energía a aquella corriente de extremado rigorismo que todo lo invadía, propugnando con decisión los principios de la verdadera misericordia e indulgencia cristiana. En la práctica defendió con todo empeño la doctrina ortodoxa, tan claramente expresada en el Evangelio, sobre el poder de la Iglesia de atar y desatar, es decir, conceder o no conceder el perdón de todos los pecados sin excepción, y, por consiguiente, estableció el principio de admitir a penitencia a los reos de apostasía o de pecados contra la carne que, verdaderamente arrepentidos y cumplidas las condiciones impuestas, acudieran en demanda de absolución.

Contra esta práctica, establecida, o mejor dicho, renovada por el papa Calixto, se levantó Tertuliano con su acostumbrada vehemencia, designándola como "decreto perentorio" del Papa, por el que se perdonaba a todos los adúlteros y fornicarios, En realidad, esto era sacar de quicio las cosas. No consta que Calixto publicara ningún edicto propiamente tal. Pero, fuera lo que fuera, lo que ordenó y la manera como creyó conveniente restablecer la práctica cristiana, en realidad, la disciplina que estableció, era la que respondía a la verdadera doctrina de la Iglesia. Por otra parte, al restablecer esta práctica, Calixto insistió siempre en que era la observada por la Iglesia desde un principio.


Tal fue, en conjunto, la actuación del gran papa San Calixto. El Líber Pontificalis le atribuye un decreto sobre el ayuno, pero no tenemos noticias ulteriores que confirmen o aclaren esta disposición pontificia. Su gloria descansa, por tanto, en el hecho de que, siendo un simple esclavo de nacimiento, por sus propios méritos se elevó a los más encumbrados cargos y aun al mismo Pontificado, y, además, en su extraordinario acierto en la organización de la catacumba que por lo mismo es conocida como de San Calixto, y en haber defendido el dogma católico frente a los sabelianos antitrinitarios, y la disciplina cristiana del perdón de los pecados contra el rigorismo montanista y de Tertuliano.

Dios premió los grandes méritos que había contraído con su iglesia concediéndole el honor de la palma del martirio, si bien no tenemos noticias ciertas sobre él. De hecho, la tradición, desde la más remota antigüedad, lo venera como mártir. Murió probablemente durante el reinado del emperador Alejandro Severo (222,235), el año 222; pues, aunque este emperador no persiguió a los cristianos, pudo originarse su martirio por algún arrebato popular promovido por los fanáticos paganos.

En torno a su muerte existen algunas tradiciones o leyendas antiguas que han dado ocasión a algunos monumentos, todavía existentes en nuestros días. Las actas de su martirio, compuestas en el siglo Vll, transmiten la leyenda de que, por efecto de la furia popular, fue arrojado por una ventana a un pozo en el Trastevere y su cuerpo sepultado con todo secreto en el vecino cementerio de Calepodio. Tal vez esto explique el hecho sorprendente de que el papa Calixto no fuera sepultado en el cementerio de su nombre, cuya "cripta de los Papas" él mismo había preparado y donde fueron enterrados los demás Romanos Pontífices del siglo III. Los cristianos, en medio de la revuelta producida con su martirio, lo enterraron en el lugar más próximo.

Muy pronto se levantó la preciosa Basílica de Santa María in Trastevere, iuxta Calixtum, atribuida al papa Julio I (337,352). Según De Rossi, es el primer ejemplo de una basílica construida junto al sepulcro de un mártir. La memoria de este Papa se conserva asimismo en aquel lugar por el Palacio de San Calixto.

BERNARDINO LLORCA, S. I.
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Nació en Roma en uno de los barrios pobres. Fue esclavo y como tal, pasó una dura juventud y mocedad. Recorrió varios lugares donde llevó una vida muy dura. Una vez puesto en libertad se retiró cerca de Roma a una especie de desierto y allí pasó unos diez años entregado al estudio y a la meditación.

Maduró Calixto durante aquellos años y su nombre empezó a sonar entre los ambientes cristianos. Llegó hasta los oídos del Papa San Ceferino, quien le llamó a su presencia Quedó prendado de aquellas cualidades que aparecían visiblemente en aquel hombre maduro y conocedor profundo de la fe cristiana.

Reconociendo estas cualidades y su gran ingenio, le encomendó la ampliación y construcción en la Vía Appia del Cementerio o Catacumbas que después y para siempre llevarían su nombre.

Los cristianos de su tiempo reconocieron las ilustres cualidades que adornaban al diácono Calixto y no sólo en cuestiones financieras o de construcción de catacumbas, sino en el terreno de la ciencia, de prudencia, de piedad y de dotes de gobierno. Por ello al morir el Papa Ceferino pusieron los ojos en Calixto y lo eligieron para sucederle como Obispo de Roma y Sumo Pontífice.

Algunas herejías empezaban a pulular por aquel entonces y contra ellas luchó con valentía el nuevo Papa. Las dos principales eran éstas:

El "SABELIANISMO" que casi no ponía distinción entre las Personas de la Santísima Trinidad, con confusiones que rayaban en la herejía y los "MONTANISTAS" que eran los que defendían un rigorismo exagerado de costumbres y, sobre todo, con los que habían sido algo débiles durante las persecuciones y ahora querían volver, arrepentidos, a la Iglesia Católica. San Calixto siempre quiso ser más padre que juez. Más defensor que condenador. Esto le atrajo muchos insultos y contradicciones, pero siempre los soportó con gran entereza y gran caridad.

San Calixto estaba convencido de una verdad sobre todo: la bondad de Dios y su gran misericordia para con los pecadores arrepentidos. Tertuliano y sus secuaces se levantaron contra el Papa y le hicieron sufrir muchísimo, hasta que fue coronada su preciosa vida con la palma del martirio, que recibió probablemente el año 222.
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Texto tomado de: mercaba.org

abril 13, 2014

San Martín l, Papa y Mártir

San Martín l, Papa y Mártir 
Abril 13 - Noviembre 12

74 -San Martin I - martir: Todi; Julio 649- Septiembre 16, 655 (en exilio:Junio 17, 653).
Nació en Todi. Mártir. Elegido el 5.VII.649, murió el 16.IX.655. Condenó a los Obispos de Oriente protegidos por el Emperador bizantino. Encarcelado y exiliado murió de sufrimientos en la isla de Cherso. Se celebra por primera vez la fiesta de la "Virgen Inmaculada", el 25 de marzo.
Martirologio Romano: San Martín I, papa y mártir, que tras condenar la herejía de los monotelitas en el Concilio de Letrán, por orden del emperador Constante II fue arrancado de su sede por el exarca Calíopa, que entró por la fuerza en la Basílica de Letrán, y lo envió a Constantinopla, donde primero quedó encerró en una dura mazmorra bajo estrecha vigilancia y después fue desterrado al Quersoneso, lugar en el que, pasados unos dos años, concluyeron sus tribulaciones y alcanzó la corona eterna. († 656)

Oriundo de Todi y diácono de la Iglesia romana, Martín fue elegido Papa para suceder al Papa Teodoro, muerto el 13 de mayo del 649. Inmediatamente demostró mucha firmeza en la conducción de la Iglesia. En efecto, no pidió ni esperó el consentimiento para su elección por parte del emperador Constante II que un año antes había promulgado el Tipo, un documento en defensa de la tesis herética de los monotelitas. Para acabar con la difusión de esta herejía, a los tres meses de su elección, el Papa Martín convocó en la basílica lateranense un gran concilio, al que fueron invitados todos los obispos de Occidente

La condena de todos los escritos monotelitas, decretada en las cinco solemnes sesiones conciliares, suscitó la furiosa reacción de la corte bizantina. El emperador ordenó al exarca de Rávena, Olimpio, que fuera a Roma y arrestara al Papa. Olimpio no sólo se propuso cumplir las órdenes imperiales, sino que trató de asesinar al Papa por medio de un sicario durante la celebración de la misa en Santa María Mayor.

En el momento de recibir la Hostia de manos del Pontífice, el vil sicario sacó el puñal, pero en ese momento quedó repentinamente ciego.
Probablemente este hecho convenció a Olimpio de cambiar de actitud y a reconciliarse con el santo Pontífice y a proyectar una lucha armada contra Constantinopla. En el 653, muerto Olimpio de peste, el emperador pudo llevar a cabo su venganza, haciendo arrestar al Papa por medio del nuevo exarca de Rávena, Teodoro Caliopa.

Martín, acusado de haberse apoderado ilegalmente del alto cargo pontificio y de haber tramado con Olimpio contra Constantinopla, fue llevado por mar a la ciudad del Bósforo. El largo viaje, que duró quince meses, fue el comienzo de un cruel martirio. Durante las numerosas escalas no se permitió a ninguno de los fieles que salieron a saludar al Papa que se acercaran a él. Al prisionero no se le daba ni siquiera el agua para bañarse. EL 17 de septiembre del 654 llegó a Constantinopla, fue colocado en una camilla y expuesto durante todo un día a los insultos del pueblo, y después lo encerraron durante tres meses en la cárcel Prandiaria. Después comenzó un largo y extenuante proceso, durante el cual fueron tales las sedicias que le hicieron murmurar al imputado: “Hagan de mí lo que quieran; cualquier clase de muerte será un bien para mí”.

Degradado públicamente, desnudo y expuesto a los rigores del frío, encadenado, fue encerrado en la celda reservada a los condenados a muerte. El 26 de marzo del 655 lo hicieron partir secretamente para el destierro en Crimea. Sufrió el hambre y padeció en el abandono más absoluto durante cuatro meses más, hasta cuando la muerte le llegó, agotado en el cuerpo pero no en la voluntad, el 16 de septiembre del 655.

Monotelismo: Es una herejía en la que se aceptaba las dos naturalezas de Jesús, pero tan sólo una voluntad: la divina.
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Autor: P. Ángel Amo | Fuente: Catholic.net
San Martín fue el último Papa martirizado. Son más de 40 los pontífices que han sufrido el martirio.

Nació en Todi, Italia, y se distinguió entre los sacerdotes de Roma por su santidad y su sabiduría.
Fue elegido Papa el año 649 y poco después convocó a un Concilio o reunión de todos los obispos, para condenar la herejía de los que decían que Jesucristo no había tenido voluntad humana, sino solamente voluntad divina (Monotelistas se llaman estos herejes).
Como el emperador de Constantinopla Constante II era hereje monotelista, mandó a un jefe militar con un batallón a darle muerte al pontífice. Pero el que lo iba a asesinar, quedó ciego en el momento en el que lo iba a matar, y el jefe se devolvió sin hacerle daño.
Luego envió Constante a otro jefe militar el cual aprovechando que el Papa estaba enfermo, lo sacó secretamente de Roma y lo llevó prisionero a Constantinopla. El viaje duró catorce meses y fue especialmente cruel y despiadado. No le daban los alimentos necesarios y según dice él mismo en sus cartas, pasaron 47 días sin que le permitieran ni siquiera agua para bañarse la cara. Un verdadero martirio que él soportó con especial paciencia. En aquellos días dejó escritas estas palabras: "Me martiriza el frió. Sufro hambre y estoy enfermo. Pero espero que por estos sufrimientos les concederá Dios a mis perseguidores, que después de mi muerte se arrepientan y se conviertan.
En Constantinopla lo expusieron al público como un malhechor, para que las gentes se burlaran de él. Pero lo que consiguieron fue hacer que muchísimos admiraran la virtud de aquel santo varón que todo lo sufría con admirable valor. Un tribunal de herejes lo condenó sin permitirle que dijera ni siquiera una palabra en su defensa. Lo tuvieron tres meses padeciendo en la cárcel destinada a los condenados a muerte, y luego lo sacaron de la cárcel por una petición que hizo el Patriarca Arzobispo de Constantinopla poco antes de morirse, pero lo enviaron al destierro.

Martín fue escribiendo en sus cartas lo que le iba sucediendo en aquellos prolongados martirios. En uno de esos escritos cuenta cómo lo llevaron sin las más mínimas muestras de consideración o respeto a Crimea (en el sur de Rusia, junto al Mar Negro) donde estuvo por meses y meses abandonado de todos, sufriendo hambre y desprecios, pero enriqueciéndose para el cielo en el ofrecimiento diario de sus padecimientos a Dios.
Sus sufrimientos eran tan grandes que cuando alguien lo amenazó con que le iban a dar muerte, exclamó: "Sea cual fuere la muerte que me den, seguramente no va a ser más cruel que esta vida que me están haciendo pasar". Lo amenazaron con dejar su cuerpo expuesto a que lo devoraran los cuervos y respondió: "En cuánto a mi cuerpo, Dios se encargará de cuidarlo. Dios está conmigo. ¿Por qué me voy a preocupar?". Y dando un suspiro de esperanza añadió: "Espero que el Señor Dios tendrá misericordia de mí y no prologará ya por mucho tiempo el tiempo de mi vida en este mundo". De veras que sus sufrimientos debieron ser muy grandes para desear más bien morir que seguir viviendo.
En su última carta, dice así San Martín: "Estoy sorprendido del abandono total en que me tienen en este destierro los que fueron mis amigos. Y más me entristece la indiferencia total con la que mis compañeros de labores me han abandonado. ¿Qué no tienen dinero? ¿Pero no habría ni siquiera unas libras de alimento para enviarlo? ¿O es que el temor a los enemigos de la Iglesia les hace olvidar la obligación que cada uno tiene de dar de comer al hambriento? Pero a pesar de todo, yo sigo rezando a Dios para que conserve firmes en la fe a todos los que pertenecen a la Iglesia".
Murió más de padecimientos y de falta de lo necesario que de enfermedad o vejez, en el año 656. En Constantinopla donde había sido tan humillado, fue declarado santo y empezaron a honrarlo como a un mártir de la religión. Y en la Iglesia de Roma se le ha venido honrando entre el número de los santos mártires.
Martín I: después de ser humillado por unos años, ha seguido siendo glorificado por muchos siglos. En él se ha cumplido lo que anunció San Pablo: "Después de un corto sufrir en esta tierra, nos espera un inmenso gozar en la gloria celestial".
Dichosos vosotros cuando os persigan por mi causa. Alegraos porque grande es vuestro premio. (Jesucristo).
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Fuente: ewtn.com

diciembre 30, 2013

San Félix I, Papa y Mártir

San Félix I, Papa y Mártir
Diciembre 30

26 -San Felix I: Roma; Enero 5, 269 - Diciembre 30, 274. Nació en Roma. Elegido el 5.I.269, murió el 30.XII.274. Afirmó la divinidad y humanidad de Jesucristo y las dos naturalezas distintas en una sola persona. Padeció la persecución de Aureliano. Inicia a enterrar a los mártires bajo el altar y a celebrar la misa sobre sus sepulcros.
Martirologio Romano: En Roma, en el cementerio de Calixto, en la vía Apia, sepultura de san Félix I, papa, el cual rigió la Iglesia romana en tiempo del emperador Aureliano. 274.

S. FELIX I (269-274) Nació en Roma. Fue pontífice durante el imperio de Aureliano en una época inicialmente tranquila.

A él le atribuyen una carta dirigida a Máximo, obispo de Alejandría, que trata el tema entonces actual de la SS.ma Trinigad. A esta carta se la consideró de gran importancia en el Concilio de Efeso del año 431. El texto, sintético, pero muy preciso, reza lo siguiente: «nuestra fe en la Encarnación es la que nos llega de los Apóstoles. Creemos que el Señor Jesucristo, nacido de la Virgen María, es el Verbo, el hijo eterno de Dios, y no un hombre distinto de Dios que Dios mismo ha elevado a este honor.

El hijo de Dios no ha elegido un hombre para asociarle a Él; en Cristo no existen dos personas. El Verbo, perfecto Dios, se ha encarnado en el seno de la Virgen y se ha hecho hombre perfecto».

Félix destituyó al obispo de Antioquía Pablo de Samosata que doctrinalmente se equivocaba Combatió también el maniqueísmo, que negaba la esencia de Cristo, admitiendo sólo dos principios que gobiernan el mundo, el bien y el mal.

Félix murió mártir en el año 274 y fue enterrado en la iglesia romana de S. Práxedes.
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diciembre 26, 2013

San Dionisio, Papa y Mártir

San Dionisio, Papa y Mártir
Diciembre 26


25 -San Dionisio: lugar de nacimiento Turio; Julio 22, 259 - Diciembre 26, 268. Nació en Turio. Elegido el 22.VII.259, murió el 26.XII.268. Los bárbaros mientras tanto se acercaban a las puertas del imperio Romano. Elegido después de un año del predecesor a causa de las persecuciones, reorganizó las parroquias romanas: obtiene de Galieno libertad para los cristianos. San Dionisio fue presbítero de la Iglesia de Roma en tiempo de los pontífices Esteban y Calixto II. Habiendo recibido este último la corona del martirio imperando Valeriano en 6 de agosto del año 258, quedó vacante la Santa Sede por la violencia de la persecución casi un año, hasta que nuestro Santo fue electo Papa el 2 de julio del 259.
Martirologio Romano: En Roma, en el cementerio de Calixto, en la vía Apia, san Dionisio, papa, el cual, después de la persecución bajo el emperador Valeriano, consoló con cartas piadosas y con su presencia a los hermanos y a los afligidos, con dinero redimió de los sufrimientos a los cautivos y enseñó a los ignorantes los principios de la fe, brillando en toda virtud. 268.

San Dionisio fue presbítero de la Iglesia de Roma en tiempo de los pontífices Esteban y Calixto II. Habiendo recibido este último la corona del martirio imperando Valeriano en 6 de agosto del año 258, quedó vacante la Santa Sede por la violencia de la persecución casi un año, hasta que nuestro Santo fue electo Papa el 2 de julio del 259.

San Basilio ensalza hasta lo sumo su caridad, que se extendía hasta los últimos términos del Imperio. Cuando los godos después de haber saqueado a Cesaréa, capital de Capadocia, habían hecho esclavos y cautivos a los más de sus habitantes, escribió el buen Papa una carta de consolación a aquella ciudad, enviándola con un mensajero, y grandes sumas de dinero para el recate de varios cautivos. Dionisio condenó a Sabelio en un Concilio romano, y después confutó las blasfemias de Paulo de Samosata.

San Atanasio y San Basilio usaron de sus elegantes escritos para probar la Divinidad del Hijo, y el último para probar también la del Espíritu Santo. San Atanasio testifica que los trescientos Padres del Concilio de Nicea no usaron de nuevas expresiones para defender la fe católica, sino de las que recibieron de los referidos pastores de la Iglesia, copiando particularmente las de San Dionisio Romano, y su amigo del mismo nombre, el Alejandrino.

Este Santo Papa murió el 26 de diciembre del año 268.
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Fuente: oremosjuntos.com

diciembre 20, 2013

San Ceferino o Zeferino, Papa y Mártir

San Ceferino, Papa y Mártir
Agosto 26 y 29 - Diciembre 20, en la Iglesia Oriental

15 -San Ceferino: Roma; 199-217.
Nació en Roma. Mártir. Elegido en 199, murió en 217. Estableció que los jóvenes después de los 14 años hiciesen la comunión a Pascua. Su pontificado se caracterizó por duras luchas teológicas. Excomulgó a Tertuliano. Introdujo el uso de la patena y del cáliz de cristal.
Martirologio Romano: En Roma, junto al cementerio de Calixto, en la vía Apia, sepultura de san Ceferino, papá, el cual gobernó la Iglesia durante dieciocho años y mandó a su diácono san Calixto construir para la Iglesia Romana el citado cementerio. 217.

San Ceferino (199-217) Romano. Uno de los primeros actos de su pontificado fue nombrar a Calixto su secretario y responsable de la administración de los bienes ofrecidos a la comunidad. Le encargó en particular la reorganización del cementerio que a él debe su nombre.
Es de ese período la constante aparición de la aureola alrededor de la cabeza de ángeles, santos y de la Virgen María en las representaciones. Este signo ya había sido adoptado en la antigüedad como señal honorífica.

Ceferino se pronunció a favor de la indisolubilidad del matrimonio y defendió el rito del bautismo de algunos intentos de desnaturalización.

Ceferino fue hombre de grandes virtudes, pero no descolló en doctrina y cultura, tanto de ser atildado por Hipólito, sutil teólogo cristiano, de ignorante y de tener poca determinación con la herejía monarquiana. El tema era la fórmula trinitaria, es decir si el Padre y el Hijo eran la misma Persona y quién por lo tanto se había reencarnado.

Ceferino fue sometido a martirio bajo Septimio Severo. Su cuerpo descansa hoy en la iglesia romana de S. Silvestre in capite.

Ceferino, hijo de Abundio, fue natural de Roma y sacerdote muy esclarecido por virtud y sabiduría en tiempo del Papa San Víctor como lo acreditó el cielo con el estupendo prodigio, que le elevó al Sumo Pontificado. Después de que San Víctor hubo coronado su carrera mortal con un glorioso martirio, los fieles dirigidos por el clero estaban orando once días, para que deparase Dios un digno vicario suyo a su Iglesia, cuando el Espíritu Santo cayó en figura de paloma sobre la cabeza del presbítero Ceferino, donde reposó un breve espacio de tiempo, y después desapareció. Esto unió todos los votos a favor suyo, siendo nombrado Papa en agosto del año 199.

En el primer año de su pontificado, decretó el emperador Severo una terrible persecución contra la Iglesia, y el Santo no perdonó fatigas ni trabajos para alentar a los fieles. Corría día y noche las casas de los particulares; penetraba las cavernas y subterráneos donde se ocultaban los tímidos; visitaba las cárceles, llevándoles limosnas, consuelos y el Pan de los fuertes; les acompañaba a los cadalsos, y para sostener su fe ponía en peligro su propia existencia. Nueve años duró esa agitada vida del Santo Papa, hasta que, muriendo Severo, la Iglesia recobró la paz.

San Ceferino se dedicó a dar realce a la disciplina eclesiástica: mandó que los fieles comulgasen por la Pascua, y que los cálices, que hasta entonces eran de madera, fueronsen a lo menos de vidrio; que celebrando el obispo asiste en algunos sacerdotes, y otras cosas necesarias para el bien de la Iglesia. Reprimió con fortaleza a Práxeas heresiarca, patripasiano, y se convirtió al teodoriano Natal. Tertuliano llenó de amargura el corazón del Santo con su orgullo, encubierto con el manto de austeridad y rigor, y con censurar imprudentemente la conducta del Santo Pontífice, tan semejante al Divino Salvador en perdonar a los pecadores arrepentidos; orgullo que al infeliz le arrastró a la herejía.

Finalmente, después de haber gobernado la Iglesia por espacio de 17 años y cerca de un mes, con toda prudencia y valor, imperando Antonino Eliogábalo, fue martirizado el 26 de agosto del año 217.

El papa Ceferino inmediatamente después de ascender a su cargo episcopal, nombró a Calixto, que sería su eventual sucesor, archidiácono de Roma, quien a lo largo del pontificado de Ceferino asumió este cargo, que sería el equivalente de Secretario de Estado hoy en día. Conocemos mucho más de Ceferino que de cualquier otro pontífice de los primeros años de la Iglesia. Por desgracia la fuente de dicha información proviene de un fuerte enemigo suyo, el teólogo romano, Hipólito. Los ataques de Hipólito contra Ceferino y Calixto se encuentran en la obra Philosopheumena.

Hipólito describe a Ceferino como torpe e ignorante, quien no gozaba de los conocimientos teológicos de su archidiácono.

Parece ser que en este tiempo la doctrina monarquiana encontró muchos adeptos en Roma, inclusive con el papa Ceferino debido a la oposición radical de estas enseñanzas al montanismo, contra cuya corriente Ceferino era verdaderamente hostil.

Por Otra Parte, Ceferino descubrió que los jóvenes después de los 14 años hiciesen la comunión a Pascua. Su pontificado se caracterizó por duras luchas teológicas. Excomulgó a Tertuliano e introdujo el uso de la patena y del cáliz de cristal.
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Fuente: Vidas Santas

diciembre 07, 2013

San Eutiquiano, Papa y Mártir

San Eutiquiano, Papa y Mártir
Diciembre  7 - 8

27 -San Eutiquiano: Luni; Enero 4, 275 - Diciembre 7, 283.
Nació en Luni. Mártir, elegido el 4.I.275, murió el 7.XII.283. Ordenó que los mártires fuesen cubiertos por la "dalmática" parecida al manto de los Emperadores Romanos. Hoy constituye las vestiduras de los diáconos en las ceremonias solemnes. Instituyó la bendición de la recolección de los campos.
 
Martirologio Romano: En Roma en el cementerio de Calixto en la vía Appia, deposición de san Eutiquiano, papa. 283.

S. EUTIQUIANO (275-283) Nació en Luni, en Etruria. De él las noticias son muy escasas. Se sabe que su pontificado fue bajo el imperio de Probo. La Iglesia fue objeto de muchas persecuciones y los mártires fueron muchísimos. Dispuso que recibieran grandes honores.

Él mismo dio sepultura a más de 300, ordenando que sus cuerpos fueran envueltos no en una simple sábana blanca, como de costumbre, sino cubiertos con una dalmática roja, rica túnica reservada al emperador. En la liturgia actual la llevan los diáconos en las funciones solemnes.
San Eutiquiano fue consagrado papa el 4 de enero de 275. Ordenó que los mártires fuesen cubiertos por la "dalmática" parecida al manto de los Emperadores Romanos. Hoy constituye las vestiduras de los diáconos en las ceremonias solemnes. Instituyó la bendición de la recolección de los campos.

Se tiene la certeza de que no fue mártir ya que la persecución de cristianos se suspendió al morir el emperador Aureliano en 275. Murió mártir el 7 de diciembre de 283, y fue enterrado en el Cementerio de S. Calixto, siendo el último Papa allí sepultado.

En el siglo XIX, unos fragmentos de su epitafio, escrito en griego, se encontraron en la catacumba de San Calixto.

diciembre 02, 2013

San Silverio, Papa y Mártir

San Silverio, Papa y Mártir
Junio 20 - Diciembre 2


58 -San Silverio - martir: Campania; Junio 1 (8), 536- Noviembre 11, 537. (muere: Dic 2, 537).
Nació en Frosinone. Mártir. Elegido el 1.VI.536, murió el 11.XI.537. Los ejércitos bizantinos de Justiniano a las órdenes de Belisario entraron en Roma. El Papa fue exiliado en la isla de Ponza, donde fue asesinado. Se vio obligado a renunciar al pontificado.
 Martirologio Romano: En la isla de Palmaria, en Italia, tránsito de san Silverio, papa y mártir, el cual, no queriendo rehabilitar a Antimo, obispo herético de Constantinopla depuesto por su predecesor san Agapito, por orden de la emperatriz Teodora fue privado de su sede y enviado al destierro, donde murió desgastado por los sufrimientos (537).

Etimología: Silverio = Aquel que es un habitante de la selva, es de origen latino.
Fechas de nacimiento y muerte desconocidas. Fue hijo del Papa Hormisdas quien había sido casado antes de llegar a ser uno del más alto clero. Silverio entró al servicio de la Iglesia y fue subdiácono en Roma cuando el Papa Agapito murió en Constantinopla, el 22 de Abril del año 536.La Emperatriz Teodora, quien favoreció a los Monofisitas intentó inducir la elección como Papa del diácono romano Vigilio quien se encontraba entonces en Constantinopla y le había dado las garantías deseadas en cuanto a los Monofisitas. Sin embargo, Teodato, Rey de los Ostrogodos, quien deseaba evitar la elección de un Papa conectado con Constantinopla, la anticipó, y por su influencia el subdiácono Silverio fue escogido.

 La elección de un subdiácono como obispo de Roma era inusual. Consecuentemente, es fácil de entender que, como el autor de la primera parte de la vida de Silverio en la "Liber pontificalis" (ed. Duchesne, I, 210) relata, una fuerte oposición apareció entre el clero. Ésta, sin embargo, fue reprimida por Teodato así que, finalmente, después de que Silverio había sido consagrado obispo ( probablemente el 8 de Junio de 536) todos los presbíteros Romanos dieron su consentimiento escrito a su elevación. La afirmación hecha por el autor mencionado de que Silverio aseguró la intervención de Teodato por el pago de dinero es injustificable, y se explica por la opinión hostil del autor sobre el Papa y los Godos.

El autor de la segunda parte de la vida en la "Liber pontificalis” está favorablemente inclinado a Silverio. El pontificado de este Papa pertenece a un período desordenadamente inestable, y él mismo cayó víctima de las intrigas de la Corte Bizantina.

Después de que Silverio había llegado a ser Papa la Emperatriz Teodora intentó ganárselo para los Monofisitas. Ella deseaba especialmente hacerlo entrar en comunión con el Patriarca Monofisita de Constantinopla, Antimo, quien había sido excomulgado y depuesto por Agapito, y con Severo de Antioquia. Sin embargo, el Papa en nada se comprometió y Teodora ahora resolvió derrocarlo y ganar la sede papal para Vigilio. Tiempos tormentosos llegaron a Roma durante la lucha que estalló en Italia entre los Ostrogodos y los Bizantinos después de la muerte de Amalasuntha, hija de Teodorico el Grande.

El rey Ostrogodo Vitigio, quien ascendió al trono en Agosto de 536, sitió la ciudad. Las iglesias sobre las catacumbas fuera de la ciudad fueron devastadas, las tumbas mismas de los mártires en las catacumbas fueron abiertas y profanadas. En Diciembre, de 536, el general Bizantino Belisario fortificó Roma y fue recibido por el Papa de manera cortés y amistosa. Teodora intentó usar a Belisario para llevar a cabo su plan de deponer a Silverio, y poner en su lugar al diácono romano Vigilio (q.v.), anteriormente apocrisiario en Constantinopla, quien ahora había ido a Italia. Antonina, esposa de Belisario influenció a su esposo de actuar como Teodora deseaba. Por medio de una carta falsificada acusaron al Papa de un acuerdo traicionero con el rey gótico que sitiaba Roma. Se afirmaba que Silverio había ofrecido al rey dejar una de las puertas de la ciudad secretamente abierta para permitir a los Godos entrar.

Silverio fue consecuentemente arrestado en Marzo de 537, violentamente arrebatado de su vestimenta episcopal, dada la ropa de un monje y llevado al exilio al Oriente. Vigilio fue consagrado Obispo de Roma en su lugar.

Silverio fue llevado a Licia donde fue a residir a Patara. El Obispo de Patara muy pronto descubrió que el Papa exiliado era inocente. Él viajó a Constantinopla y pudo poner ante el emperador Justiniano tales pruebas de la inocencia del exiliado que el emperador escribió a Belisario ordenando una nueva investigación del asunto. Si resultaba que la carta concerniente al alegado plan a favor de los Godos era falsa, Silverio debería ser colocado una vez más en posesión de la sede papal. Al mismo tiempo el emperador permitió a Silverio regresar a Italia, y pronto entró al país, aparentemente en Nápoles.

Sin embargo, Vigilio arregló hacerse cargo de su predecesor ilegalmente depuesto. Evidentemente actuaba de acuerdo con la emperatriz Teodora y fue ayudado por Antonina, la esposa de Belisario. Silverio fue llevado a la isla de Palmaria en el mar de Tirreno y mantenido en confinamiento estricto. Aquí murió a consecuencia de las privaciones y cruel trato que soportó. El año de su muerte es desconocido, pero probablemente no vivió mucho después de llegar a Palmaria. Fue enterrado en la isla, de acuerdo al testimonio de la "Liber pontificalis” en Junio 20; sus restos nunca fueron sacados de Palmaria.

De acuerdo con el mismo testigo, él era invocado después de su muerte por los creyentes que visitaban su tumba.
En épocas posteriores fue venerado como un santo. La más temprana prueba de esto es dada por una lista de santos del siglo once (Mélanges d´archéologie et d´histoire, 1893, 169).

El "Martyrologium” de Pedro de Natalibus del siglo catorce también contiene su fiesta, que es recordada en el actual Martirologio Romano el 20 de Junio.

[Nota del Editor: De acuerdo a la Liber Pontificalis, el Papa San Silverio fue exiliado no a Palmaria, sino más bien a la isla de Palmarola, una mucho más pequeña y desolada isla cerca de Ponza, Italia, en la Bahía de Nápoles.]
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Autor: . | Fuente: Enciclopedia Católica || ACI Prensa
SAN SILVERIO (¿?-537) nació en Frosinone, Italia, hijo del papa número 52, San Omisdas, en una época en que la paternidad de los pontífices estaba permitida.

Se sabe poco de la vida temprana de San Silverio, hasta que aparece en Roma con el cargo de subdiácono. En ese periodo de la historia Roma había sido vencida por los bárbaros, mientras que el Imperio Romano se consolidaba en Oriente, en Bizancio.

Con la súbita muerte del papa San Agapito I, en junio de 536, San Silverio fue electo como sucesor de San Pedro, cargo en el que habría de durar menos de un año y medio.

Ese año, San Silverio intercedió para la entrega pacífica de la ciudad de Roma por parte de los ostrogodos al célebre general bizantino Belisario. Más tarde Italia pasaría a ser colonia de Bizancio.

Sin embargo, San Silverio habría de ser acusado más tarde de traición a causa de sus contactos con los godos, por lo que fue exilado a Patara, en Licia, actualmente en ruinas cerca de Kalkan, Turquía.

Por intercesión del obispo de ahí ante el emperador Justiniano I, San Silverio consiguió regresar a Roma, pero ahí encontró que la emperatriz Teodora había nombrado papa a Vigilio, su favorito, y San Silverio fue exilado de nuevo, esta vez a la isla Pontia, o Ponza, o Palmarola.

Ahí escribió lo siguiente: “Me alimento con el pan de la tribulación y el agua de la angustia, pero jamás he renunciado, y tampoco ahora renuncio a mi cargo.”

A finales de 537, a las tres semanas de haber llegado a la isla, San Silverio falleció como consecuencia de los malos tratos que recibió, por lo que también se le venera como mártir.

SAN SILVERIO nos enseña el valor de la perseverancia en la fe en épocas de turbulencias políticas.

Legado de San Silverio:
Tras la incursión en Roma de los soldados del Emperador Justiniano, renunció a su período de papado.
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Fuente: oremosjuntos.com

noviembre 23, 2013

San Clemente I, Papa y Mártir

San Clemente I, Papa y Mártir
Noviembre 23

4 -San Clemente: Roma; 88-97.
Romano. Mártir. elegido en el 88, murió en el 97. Exiliado por el emperador Trajano del Ponto, fue arrojado en el mar con un áncora al cuello. Restableció el uso de la Confirmación según el rito de san Pedro. Empieza a usarse en las ceremonias religiosas la palabra Amén.
Martirologio Romano: San Clemente I, papa y mártir, que dirigió la Iglesia de Roma en tercer lugar después de san Pedro Apóstol y escribió a los Corintios una célebre Epístola para restaurar la paz y la concordia entre ellos. En este día se conmemora la deposición de su cuerpo en Roma. (88 - 97/101). M. c. 101. Padre Apostólico.

Clemente de Roma o San Clemente I, fue un religioso cristiano de finales del siglo I, obispo de Roma, y en tanto que obispo de la ciudad eterna, la Iglesia católica lo considera su cuarto papa.
Elegido en el año 88, murió en 97. Exiliado por el emperador Trajano al Ponto, fue arrojado al mar con un áncora al cuello.

Su identificación con el autor de la célebre Epístola a los Corintios cuyo nombre aparece en la inscriptio en todas las versiones de los manuscritos es opinión concorde y formulada ya en tiempos muy antiguos. Clemente habría gozado del trato con los apóstoles y recibido el elogio de San Pablo por la colaboración prestada a los filipenses (Filipenses 4:3).
Se lo venera como santo y mártir en la Iglesia católica y su festividad se celebra el 23 de noviembre. En Roma existe una antiquísima basílica, la Basílica de San Clemente de Letrán, levantada sobre su tumba.
(+ 101) Después de la muerte de Nerón, la Iglesia gozó durante algún tiempo de paz y tranquilidad. Vespasiano y Tito, los más amables de los césares en expresión de San Agustín, trataron con mayor toleráncia a la religión cristiana y prescindieron en la práctica del principio de persecución establecido por Nerón.

Impulsado por el soplo divino y la fuerza misma de la verdad, el cristianismo penetró profundamente en los centros más vitales del Imperio romano; es más, en el mismo corazón del Imperio la nueva doctrina iba consiguiendo nuevas conquistas, no ya como hasta entonces, entre la gente sencilla y las clases humildes, sino también en la más alta sociedad aristocrática; en la misma corte se había abierto paso el Evangelio de Cristo.

La unidad de la Iglesia en el obispo de Roma, suprema autoridad como sucesor de San Pedro, era una realidad. La jerarquía se desarrollaba por medio de los obispos, presbíteros, diáconos, doctores, profetas... El culto, basado en la celebración de la llamada liturgia o fracción del pan y compuesto por lecturas del Antiguo y Nuevo Testamento, por homilías y oraciones, constituía el punto céntrico de las reuniones cristianas y servía de fuerza propulsora para el apostolado y constancia en la fe.

Sobre este horizonte lleno de luz y de sol asomaban nubes de tormenta; la escisión y el desorden empezaban a desgarrar a algunas comunidades cristianas. En la Iglesia de Corinto, por ejemplo, acababa de surgir un conflicto ruidoso.

Con su población mezcla de elementos muy heterogéneos, comerciantes, marinos, burgueses y esclavos, situada entre los mares Egeo y Jónico, Corinto era en la antigüedad uno de los centros principales del comercio mediterráneo. Erigida en colonia romana, adquirió bien pronto un carácter cosmopolita; la ligereza de costumbres que encontramos en todo el paganismo helénico degeneraba en Corinto en un libertinaje que llegó a ser proverbial y que chocaba incluso a los mismos paganos. La comunidad cristiana, fundada por San Pablo y visitada por San Pedro, se encontraba a fines del siglo I en una situación religiosa moral bastante delicada.

Los judíos, aunque convertidos, permanecían en todo momento muy vinculados a la ley mosaica. Los griegos, ligeros, charlatanes empedernidos y partidistas por temperamento, pronto dieron libre cursc en la nueva comunidad a sus defectos naturales. Más peligrosos eran todavía los miembros que se creían en posesión de carismas o gracias extraordinarias, porque pretendían administrar y ordenar todo en su Iglesia.

Al abandonar San Pablo la ciudad de Corinto no confió a los carismáticos el gobierno de su comunidad; allí, como en otras partes, se había constituido un colegio de presbíteros que con prudencia ejercía sus funciones; pero el sentido práctico de estos pastores, su constante preocupación por evitar todo escollo, no agradaba a los audaces carismáticos, quienes no dudaron en desacreditarlos por todos los medios a su alcance; hubo alborotos, disputas; varios miembros del colegio presbiteral fueron depuestos, y, dada la situación geográfica de Corinto, el desorden podía propagarse a otras ciudades de Grecia. El espíritu helénico, particularista y muy pagado de sí mismo, se sometía con dificultad a la ley fundamental que establece la jerarquía como principio de doctrina y gobierno. Cuarenta años antes, San Pablo tuvo que amonestar vivamente a los corintias por su exclusivismo al manifestarse como seguidores de Pedro, Pablo o Apolo.

Para conjurar este peligro y aplastar el cisma en sus comienzos se necesitaba algo más que las exhortaciones de un doctor o un profeta; era necesaria la decisión de un jefe supremo y juez soberano. La Iglesia de Roma, con plena conciencia de su misión, se creyó en la obligación de intervenir, y así envió a la Iglesia de Corinto, por medio de Claudio Efebo, Valerio Brito y Fortunato, una carta escrita en griego, lengua de la Iglesia en aquel tiempo, llena de sabiduría y suave autoridad, en la que recomendaba la caridad fraterna y el respeto y obediencia a los superiores.

Esta carta, este grande y admirable escrito, en frase de Eusebio de Cesarea; este documento precioso, que Orígenes cita con veneración y que los primeros cristianos equiparaban a las Sagradas Escrituras, no lleva, sin embargo, nombre de ningún autor; el documento se presenta en su solemne encabezamiento como escrito por la Iglesia de Dios que peregrina en Roma a la Iglesia de Dios que peregrina en Corinto. Sin embargo, una tradición muy firme y muy antigua, casi contemporánea a la misma carta, la atribuya al obispo de Roma más famoso del siglo I, Clemente, tercer sucesor de San Pedro, después de Lino y Anacleto: esto mismo se deduce de la lectura misma de la carta de los corintios. Sólo el obispo podía hablar de esa manera en nombre de su Iglesia.

El nombre de San Clemente es uno de los más ilustres y venerados de la antigüedad cristiana. Poco tiempo después de su muerte su figura aparece rodeada de una aureola maravillosa; mientras los fieles invocan su autoridad, los herejes buscan abrigo a la sombra de tan venerado nombre. Se le cita en el canon de la misa; aparece en los más antiguos calendarios; pero, como sucede con frecuencia, la celebridad le ha perjudicado al envolverle en las nubes de la leyenda, que nos impiden observar la fisonomía verdadera de su alma. Sus actas son una de ,aquellas novelas edificantes que tanto apasionaban en la Edad Media; pueden, sin embargo, recogerse en ellas rasgos auténticos que parecen eco de las tradiciones históricas.

La antigua leyenda le emparentó con la familia imperial; modernamente se ha intentado identificarle con el célebre primo de Domiciano, el cónsul Tito Flavio Clemente, a quien el emperador mandó eiecutar por crimen de "ateísmo", es decir, cristianismo. Es muy posible que fuera un liberto o hijo de liberto de la casa Flavia. Muy probablemente no procedía del paganismo, sino del judaísmo, y tal vez se trate, en opinión de Orígenes, del Clemente a quien San Pablo cita en la carta a los filipenses como colaborador suyo.

Pero como, en expresión de fray Luis de León, "las escrituras que por los siglos duran nunca las dicta la boca, del alma salen", tenemos en nuestras manos su carta, esa admirable carta en la que podemos con absoluta confianza y seguridad contemplar al trasluz el alma grande de este tercer obispo de Roma, Clemente. Se descubre en esta carta un alma que vive de una fe cristiana muy profunda, que se apoya en la revelación divina del Antiguo y Nuevo Testamento, que recurre a la oración, en la que caldea su alma sedienta de Dios y la fortalece para las luchas que ha de sostener.
Testigo del pensar y del sentir de su tiempo, acoge en su seno las aspiraciones literarias, artísticas y filosóficas más nobles de sus contemporáneos, y como no se arredra ante la naturaleza, obra de Dios, tampoco teme la especulación y el arte humano, que son, en su última raíz, tanteos del alma para encontrar y llegar a Dios. Frente al paganismo que le rodea, demuestra una comprensión simpáticamente acogedora por todo lo noble y bueno que en él existe. No sólo conoce la mitología, sino que llega a proponer a la imitación y admiración de los cristianos corintios los ejemplos de abnegación heroica de ilustres paganos.

En el Pontífice que está a la cabeza de la Iglesia de Roma alienta la simpatía más verdadera, más noblemente humana, transformada y elevada por la fe cristiana. La lengua, acostumbrada a la oración, ha tomado un acento litúrgico. La admirable oración que cierra la epístola es uno de los documentos que nos dan a conocer mejor la antigua liturgia; en ella se oye la voz de un obispo que, al final de su exhortación, se vuelve hacia Dios, como acostumbraba hacer al término de sus homilías. En efecto, este documento es una homilía. Clemente sabe que allá en Corinto la leerán en la asamblea de hermanos y se dirige a esos cristianos ausentes, como se dirigiría a sus cristianos de Roma exhortándoles, reprendiéndoles, pero al mismo tiempo llevándoles a orar a Dios con él.

Haciendo alusión a los desórdenes que reinan en Corinto y recordando la necesidad de someterse al orden establecido por Dios en todas las cosas, pero principalmente en su Iglesia, "es preciso, dice, someterse con humildad al orden establecido; hermanos seamos humildes de espíritu, depongamos la soberbia y toda arrogancia, haciendo lo que es justo y recto". Lo que constituye la belleza de la creación, del "cosmos", y realza su hermosura es precisamente la armonía y el orden que existe en todas las cosas. "El océano tiene sus leyes, las estaciones se suceden unas a otras apaciblemente; el gran artífice, el obrero del mundo ha querido que todo sea ordenado en una conformidad perfecta". El mismo designio se observa en el funcionamiento del organismo humano: "la cabeza no es nada sin los pies, pero a su vez los pies serían inútiles sin la cabeza; los más pequeños miembros son necesarios o útiles al conjunto y todos conspiran y se ordenan de consuno a la conservación de todo el cuerpo". Recuerda que en el Antiguo Testamento, Dios, autor directo de la ley, había instituido una jerarquía compuesta de cuatro grados: laicos, levitas, sacerdotes y el sumo sacerdote, y que los apóstoles, habiendo recibido las instrucciones de Nuestro Señor Jesucristo, que hablaba de parte de Dios, su Padre, fueron a anunciar el Evangelio, y escogían los que habían sido primicias de su apostolado, y habiéndoles probado por el Espíritu Santo, los establecía obispos y diáconos de los que debían de creer".

El obispo de Roma no duda, en fin, comparar la disciplina eclesiástica con la disciplina militar. Es verdad, dice Clemente, que la sociedad cristiana no es solamente un ejército, sino más bien un rebaño guiado par Cristo; más aún: es el mismo Cuerpo de Cristo. "El rebaño debe vivir en paz bajo la obediencia y tutela de los presbíteros y los miembros del Cuerpo de Cristo no deben estar separados de su cabeza. Abandonemos, pues, las investigaciones hueras y vanas y sigamos el canon venerable y glorioso de nuestra tradición."

Después de una bella oración termina Clemente su carta con estas palabras, reveladoras de su autoridad firme y serena: "alegría y regocijo nos proporcionaréis si, obedeciendo a lo que os acabamos de escribir impulsados por el Espíritu Santo, cortáis de raíz la impía cólera de vuestra envidia conforme a la súplica con que en esta carta hemos hecho por la paz y la concordia; y lo hemos hecho así para que sepáis que toda nuestra preocupación ha sido y sigue siendo que cuanto antes volváis a recobrar la paz".

En el mismo amanecer del cristianismo, el Romano Pontífice ha tenido conciencia de su autoridad, como sucesor de San Pedro, y al sentirse en posesión de ese derecho ha actuado, en virtud de su suprema jurisdicción, en la solución de uno de los primeros conflictos que surgieron en la naciente Iglesia. Esta actuación en la época y circunstancias concretas ha proporcionado a Clemente un lugar destacado en la historia de la Iglesia.

La carta del Pontífice tuvo tan grata acogida que setenta años más tarde, según testimonio de Dionisio de Corinto, se leía los domingos en la asamblea de los fieles. Roma ordenó y fue  obedecida.
La carta, sin fecha, fue  escrita al término de una persecución, la de Domiciano, según se desprende de sus primeras frases: "Hemos estado afligidos por una serie de calamidades que han caído sobre nosotros de una manera imprevista". Nadie podía prever, en efecto, que la ambición del poder transformara tan violentamente a "uno de los más" honrados gobernantes", como dice Suetonio, en un monstruo que hizo temblar a los cristianos. Asesinatos, deportaciones de toda clase de gentes fueron efectos de la persecución.

Clemente pudo salvar su vida en aquella tormenta, pero pronto la entregó en holocausto por su fe. El año 100 gobernaba el Imperio  uno de lbs más grandes y mejores emperadores, Trajano. Soldado hijo de soldado de un patriotismo ardiente, pero estrecho, tenia un sentido tan vivo de las prerrogativas del Estado que consideraba la unidad del Imperio como una especie de divinidad a la que había que sacrificar todo. Como esta unidad descansaba sobre la unidad del culto religioso, fue  fácil prever desde el comienzo de su reinado la amenaza de una nueva persecución.
Martirio de San Clemente I
Sin violencia, al amparo de una legislación ilógica, como hace notar Tertuliano, se hizo perseguidor de la Iglesia, y, una de sus víctimas fue  Clemente.

Según actas griegas del siglo iv de carácter muy legendario y de valor histórico, a causa de una sedición popular fue desterrado al Quersoneso, la Crimea de nuestros ,días, y como se negase a sacrificar fue  arrojado al mar con una áncora atada al cuello.

Ni San lreneo, ni Eusebio, ni San jerónimo, que hablan de este ilustre Papa, dicen nada de su  martirio.  Sin embargo, la tradición del martirio de San Clemente aparece sólidamente establecida desde fines del siglo iv en Roma.

La figura de San Clemente quedará a los ojos de la historia como la de un noble campeón de la unidad cristiana.

En un momento difícil y decisivo supo mantener enérgicamente los derechos de la primacía romana y cumplió su. misión con la suavidad y dulzura del pastor de todo el rebaño de Cristo.
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PEDRO ALCORTA MAÍZ - mercaba.org