septiembre 30, 2013

Canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII

Canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII es un “aldabonazo” del cielo, dicen Obispos

Abril 27, 2014

MADRID, 30 Sep. 13 / 08:17 pm (ACI/EWTN Noticias).- Tras el anuncio oficial de la fecha de canonización de estos dos papas, el Obispo de Alcalá, Mons. Juan Antonio Reig Plá y el Obispo de Pamplona, Mons. Francisco Pérez han asegurado que tienen pensado asistir y que ya se están organizando en sus diócesis.

El Obispo de Alcalá, Mons. Juan Antonio Reig Plá ha asegurado en declaraciones a ACI Prensa que la noticia de la fecha de la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II se ha recibido en su diócesis con "una alegría enorme y por supuesto, siempre dentro de las posibilidades y contando con la gracia de Dios, estaré presente en la canonización, acompañado por peregrinos".

Mons. Reig Pla ha afirmado que esta canonización es "un aldabonazo del cielo sobre lo que necesitamos en estos momentos. Juan Pablo II lo llamaba pedagogía o pastoral de la santidad y eso es lo que necesitamos, luces que vengan a anunciar cómo la gracia de Dios puede hacer de la debilidad humana la gran obra que contemplamos en Juan XXIII y Juan Pablo II”.

Sobre Juan XXIIII, el Prelado rememoró que cuando se inició el Concilio Vaticano II con Juan XXIII, eran los primeros años de la televisión en España: “recuerdo las imágenes del inicio del Concilio Vaticano II y cómo las veíamos con inmensa alegría en el seminario. Yo he nacido al sacerdocio con el Concilio Vaticano II y estoy muy agradecido de que el Señor y la Iglesia ratifique todo lo que la gracia ha hecho posible a través de esta persona tan buena que era el Papa Juan XXIII".
La relación con Juan Pablo II fue mucho más cercana por las visitas ad limina que hizo Mons. Reig Pla como Obispo y también por estar al frente de Instituto Juan Pablo II de estudios sobre Matrimonio y Familia. "tuve distintas ocasiones de estar con él y se lo que llevaba en el corazón. Juan Pablo II buscaba resituar al hombre mirándolo desde Cristo, ése fue su gran empeño", afirma.
Mons. Reig Pla afirma que esta canonización "es una bendición doble del Cielo que debemos agradecer y difundir y hacer lo posible para estar presentes".

Sobre el Papa Juan XXIII, el Obispo señala que era "un hombre sencillo, de piedad tradicional y bueno que tuvo la creatividad, movida por el Espíritu Santo de convocar un Concilio, anunció la paz en la tierra en su encíclica y se abandonó en las manos de Dios".

Tras afirmar que el Concilio está en continuidad con la Iglesia, el Prelado dijo que Juan Pablo II “supo ser ese gran heraldo que atravesó los cinco continentes, que nos enriqueció con su magisterio y resituó todo el post Concilio en la continuidad de lo que la Iglesia have en cada momento, llevada por el Espíritu Santo".

Por su parte el Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, Mons. Francisco Pérez González, también dijo a ACI Prensa que desea ir a Roma para la canonización, ya que fue ordenado obispo por Juan Pablo II.

"Guardo con especial cariño uno de los consejos que Juan Pablo II me dio, que para mí fue muy importante. Él me dijo que cuando me llegara la cruz no la abrazara vacía sino llena de Cristo. Y es algo que ha quedado en mí como una frase lapidaria que me ha ayudado en los momentos que he tenido dolor, sufrimiento, enfermedad o circunstancias adversas. Aquí está el Señor y él ha pagado por todo esto. Y de ésto hablamos bastante en las Visitas ad Limina, porque yo fui de los últimos que estuvo con él, porque siguió recibiendo a los Obispos hasta el final”.

Sobre Juan XXIII Mons. Pérez afirma que es el Papa de su infancia: "fue Papa cuando yo tenía 10 u 11 años. Siempre recuerdo a Juan XXIII como aquel buen hombre, un santo, que con su forma de mirar, su modo de hablar, de dirigirse, hacía que quedara en mi corazón una alegría especial, porque veía que me llenaba de bondad con sus mensajes de paz, de ánimo en la vida de la Iglesia y con el Concilio Vaticano II que después me tocó vivir como seminarista mayor".
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Fuente: aciprensa.com

septiembre 28, 2013

Juan Pablo I, Papa

Siervo de Dios, Juan Pablo I, Papa
Septiembre 28

263 -Juan Pablol I (Albino Luciani): Forno di Canale (Belluno); Agosto 26 (septiembre 3) -septiembre 28, 1978. Nació en Forno di Canale (Belluno). Elegido el 26-VIII-1978, murió el 28-.IX-1978. Fue el primer Papa de imponerse un doble nombre. No quiso la ceremonia de la coronación. Reinó 33 días: murió de infarto. Se le llamó el Papa de la sonrisa.
 (17/10/1912 - 28/09/1978)
"Personalmente, cuando hablo solo con Dios y la Virgen, más que adulto prefiero sentirme niño"

Nació el 17 de octubre de 1912, en Forno di Canale (hoy Canale d'Agordo), diócesis de Belluno, Italia. Hijo de Giovanni Luciani y Bortola Tancon, fue el mayor de cuatro hermanos. Tras el fallecimiento de su madre, su padre contrajo matrimonio con una mujer de firmes principios católicos.

En el año 1923, Albino ingresa en el seminario menor de Feltre, y 1928, en el seminario de Belluno donde el 7 de julio de 1935 recibió la ordenación sacerdotal. Se traslada a Roma donde continua sus estudios teológicos en la universidad Gregoriana. En 1937, regresa a su pueblo. Fue capellán en las parroquias de Forno di Canale y Agordo y dio clases de religión en el Instituto Técnico Minero. Es nombrado vicerrector del Seminario Gregoriano de Belluno donde enseña diversas materias: teología dogmática, moral, derecho y arte sacro.

En el año 1947, consigue el Doctorado en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, siendo este mismo año nombrado Pro-vicario de la diócesis de Belluno. Dos años más tarde, organiza el Congreso Eucarístico de Belluno y publica su libro "Catequesis en migajas". En 1954, es nombrado Vicario general de la diócesis de Belluno, ejerciendo su ministerio durante once años.

En 1958 el Papa Juan XXIII, en Roma, lo consagraba Obispo para la diócesis de Vittorio Veneto, cerca de Venecia. En el año 1962, se inicia su participación en el Concilio Vaticano II. El 15 de diciembre de 1969 el Papa Pablo VI lo nombra patriarca de Venecia, y el 5 de marzo de 1973 es creado cardenal por el mismo Papa. De 1973 a 1976 fue vicepresidente de la Conferencia Episcopal Italiana. Participó en los Sínodos de los Obispos de 1971, 1974 y 1977.

En el año 1976 se publica su libro "Illustrissimi". El 26 de agosto de 1978, en un cónclave que duró un día, y fue el más grande hasta entonces en cuanto al número de cardenales asistentes, fue elegido como 263º sucesor de San Pedro tomando un nombre doble por primera vez en la historia de los Papas, Juan y Pablo. El 3 de septiembre empezó su ministerio oficial, con una Misa celebrada en la Plaza de San Pedro.

Juan Pablo I falleció el 28 de septiembre de 1978, treinta y tres días después de su elección.
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Fuente: buscabiografias.com
 
Albino Luciani nació el 17 de octubre de 1912, en el seno de una familia humilde, en Canale d’Agordo, pueblecito del Valle de Cordevole, en la provincia de Belluno (Italia). Fue bautizado casi inmediatamente después de nacer en la casa de la comadrona, por considerarse que su vida peligraba.

En Canale d’Agordo, de marzo a octubre se quedaban sólo las mujeres y los niños, pues no había trabajo en la comarca por ser una de las más desoladas de Italia. Los hombres se iban lodos, unos a Alemania, otros a Suiza. El padre de Albino no fue una excepción.

Con el marido en el extranjero, la madre de Albino, Bortola Tancon, llevaba prácticamente todo el peso de la familia. Era una mujer sencilla, muy católica. Se sabía casi todo el catecismo de San Pío X de memoria, y lo enseñaba a sus hijos, a veces mientras los lavaba y los vestía.
Albino vivió los años de su infancia en medio de padecimientos y estrecheces, por lo que su salud se resintió. Fueron tiempos de mayor pobreza en la región, en los que se comía poco, lo que se podía: a veces, hasta las raíces silvestres de los prados condimentadas con un poco de mantequilla. Sin embargo Albino era un niño muy vivo.

A los diez años, manifestó a su madre el deseo de ser sacerdote. Bortola le sugirió que hablase con el párroco, don Filippo Carli. El párroco aconsejó al muchacho que, si de veras sentía vocación, ingresara en el Seminario Menor de Feltre donde, de todos modos, podría continuar los estudios. Como era necesario el permiso paterno, Albino escribió a su padre que, como de costumbre, se encontraba en el extranjero, para manifestarle su deseo. El padre, a pesar de la sorpresa que le causó la decisión de su hijo y la carga económica que tendría que soportar la familia, le respondió: “Haz lo que quieras”.

EN EL SEMINARIO
Los años de estudios en el Seminario fueron difíciles para Albino. Pusieron a prueba su salud física, ya debilitada por una bronco-pulmonía mal curada que padeció cuando tenía tres años. El régimen del internado era duro y riguroso: las comidas, más bien austeras; el descanso nocturno, corto; las horas de estudio y oración, largas y fatigosas. Por dos veces el joven seminarista tuvo que regresar a su casa a consecuencia de amagos de tuberculosis, y por dos veces, apenas curado, quiso volver al Seminario. En los períodos de vacaciones, Albino ayudaba en la parroquia de su pueblo. Sin duda alguna la persona que más le influyó fue el párroco, don Filippo Carli. De él aprendió a hablar con sencillez. Don Filippo le decía: “Albino, cuando hables desde el púlpito, piensa siempre en la viejecita más inculta. Te debe entender ella también".

El párroco le encargó que enseñara el catecismo después de la Misa dominical de las diez. Tenía una agudeza particular para hacerse entender. Usaba anécdotas sacadas de la Historia, de la Literatura y de vidas de santos, de modos de decir populares y ocurrencias. Todos entendían y se divertían.

SACERDOTE
Recibió la ordenación sacerdotal el 7 de julio de 1935, pero su salud seguía endeble. La afección pulmonar se le reprodujo y para recuperarse estuvo una temporada en un sanatorio. Al salir del sanatorio, marchó a Canale d'Agordo a respirar el aire de su valle, lo que aprovechó para desarrollar las tareas de coadjutor en la parroquia.
Lo que más le hubiera gustado al joven sacerdote era ser párroco, pero nunca lo fue. Tuvo otros cargos: profesor, vicerrector del Seminario, vicario general.... pero nunca desaprovechó la ocasión de ser pastor.

En 1941 se matriculó en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma. Su obispo, monseñor Cattarossi, no quiso verse privado de su trabajo de docente, y consiguió de Pío XII para Luciani una dispensa expresa para la asistencia a las clases. Con una tesis sobre Rosmini consiguió en 1947 el doctorado en Teología. Y durante más de veinte años enseñó Teología Dogmática, Sagrada Escritura y Derecho Canónico, al tiempo que ejercía cargos de gran responsabilidad en su diócesis.

OBISPO Y PATRIARCA
El 15 de diciembre de 1958, Albino Luciani fue nombrado obispo por Juan XXIII. El Papa mismo quiso ordenarle obispo en la Basílica de San Pedro de Roma. El lema episcopal adoptado por Luciani fue "Humilitas”. Y la humildad fue el rasgo peculiar de la personalidad del nuevo obispo. En el transcurso de los once años que estuvo gobernando la diócesis de Vittorio Veneto, se celebró en Roma un acontecimiento de suma importancia para la vida de la Iglesia: el Concilio Vaticano II. Monseñor Luciani participó como padre conciliar en todas las sesiones.

El Papa Pablo VI designó a Albino Luciani Patriarca de Venecia. Era el 15 de septiembre de 1969, cuando Pablo VI le llamó a Roma para informarle personalmente del nombramiento. Monseñor Luciani objetó al Papa: “Lo siento mucho, Santidad, pero no creo que pudiera salir adelante. Tengo lo voz cada día más débil y una salad muy endeble”. Pablo VI le contestó: “¡Ánimo, ánimo! Por lo que se refiere a la voz, hoy existen los micrófonos. En cuanto a la salud... bueno, siempre se encuentra en los manos de Dios”.

Fue la catequesis el ámbito de la vida cristiana al que más intensamente se dedicó, tanto en la práctica como en la teoría; no sólo cuando era sacerdote, sino también cuando fue obispo y, más tarde, cardenal patriarca.

PAPA
El día 22 de agosto de 1978, el Cardenal Luciani, Patriarca de Venecia, se traslada a Roma para participar en la elección del sucesor del difunto Pablo VI. El 24 de agosto, víspera del cónclave, el Patriarca de Venecia se dedica a escribir. En una carta dirigida a un pariente, dice: “No sé cuánto durará el cónclave. Es difícil encontrar la persona adecuada para enfrentarse con tantos problemas, que son cruces muy pesadas. Por fortuna, yo estoy fuera de peligro. Ya es bastante grave votar en estas circunstancias.”

A un conocido suyo escribe: “El momento es verdaderamente importante para la Iglesia. Aunque quien la guía, en definitiva, es el Señor, es muy importante que el Vicario de Cristo sea un verdadero hombre de Dios. Contribuir con el voto a su elección, indicar a una persona y decirle al Señor: «acéptalo», es una gran responsabilidad que pesa mucho. Afortunadamente, estoy seguro de que esa persona no voy a ser yo, a pesar de algunas chismorreos de los periódicos. "Son sólo cábalas”, diría Pío X”.

El 25 por la tarde comienza el Cónclave. En la tarde del 26 de agosto, en la segunda fumata del día, empieza a salir por la chimenea de la Capilla Sixtina un humo grisáceo. Aunque con poca precisión, la fumata cumple su misión: los cardenales han elegido al nuevo papa. Después de haberse realizado el escrutinio que le eleva a la Sede de San Pedro, Albino Luciani, ya convertido en Papa, se enfada con los cardenales y les dirige las mismas palabras que siglos antes dijera San Bernardo con motivo de su elección para regir la comunidad cisterciense de su monasterio: "¿Qué habéis hecho? Que Dios os perdone”.

UN MES DE PONTIFICADO

Poco más de un mes – treinta y tres días – duró el Pontificado de Juan Pablo I. En la madrugada del 29 de septiembre, fue encontrado muerto en su cama. Un infarto había puesto fin a su vida. El Papa Luciani, en tan breve tiempo, supo ganarse, con su espontánea sonrisa y su palabra llena de unción, el corazón de los fieles y de millones de personas de otras creencias. A todos hizo experimentar la alegría de oír hablar de Dios con palabras claras, sencillas y estimulantes.

No tuvo tiempo de escribir una sola encíclica o constitución apostólica, ni siquiera un documento de menor rango, pero impulsó a las almas con la fuerza del Espíritu Santo a través de una catequesis en la que no faltaban pequeñas anécdotas personales y ejemplos tomados del inmenso caudal de literatura que había asimilado a lo largo de su vida.
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La causa del siervo de Dios Albino Luciani
por Stefania Falasca

La causa de beatificación y canonización de Juan Pablo I se abrió solo el 23 de noviembre de 2003 en la Catedral de Belluno. La investigación diocesana del proceso sobre las virtudes concluyó el 10 de noviembre de 2006. Durante la investigación se recogieron todas las pruebas testimoniales y documentales.

En 203 sesiones fueron 170 los testigos interrogados en las sedes episcopales de Belluno, Vittorio Veneto, Venecia y Roma. El pasado 27 de junio la Congregación de las Causas de los Santos firmó el decreto de validez formal de las actas de la investigación diocesana y se nombró relator de la causa al padre Cristoforo Bove. Se abrió, pues, la fase romana de la causa.

En esta segunda fase, basándose en las actas reconocidas y sancionadas por el decreto de validez, se preparará la Positio super virtutibus, que tendrá que demostrar la heroicidad de las virtudes, además de la fama de santidad del siervo de Dios. Tras concluir la Positio tendrán lugar dos tipos de exámenes, uno lo llevará a cabo el Congreso peculiar de los consultores teológos, y otro la Congregación ordinaria de los obispos y los cardenales.

La promulgación del decreto sobre las virtudes será el acta jurídica final del proceso de investigación de las virtudes heroicas.

septiembre 26, 2013

San Eusebio, Papa y Mártir

San Eusebio, Papa y Mártir
Agosto 17 - Septiembre 26

31-San Eusebio: Grecia; Abril 18, 309 - Agosto 17, 309 (310).
Nació en Casano jonico (de origen griego). Mártir. Elegido el 18.IV.309. Durante su pontificado continuaron las polémicas sobre los apóstatas que llevaron a la Iglesia al borde del cisma. Consiguió mantener posiciones firmes pero actuó con gran caridad. Sufrió el martirio en Sicilia.



Martirologio Romano: En Sicilia, muerte de san Eusebio, papa, valeroso testigo de Cristo, que fue deportado por el emperador Majencio a esa isla, donde dejó la patria terrena para merecer la patria celestial. Trasladado su cuerpo a Roma, fue enterrado en el cementerio de Calixto (310).

Fue el 31º Papa de la Iglesia Católica, desde abril de 309 hasta agosto de 309.

Eusebio nació en Grecia y era hijo de un médico. Fue elegido para suceder al Papa San Marcelo; pero su pontificado duró apenas unos meses. El pontificado de San Marcelo se había visto turbado por el problema del trato que debía darse a los que habían apostatado durante la persecución de Diocleciano. Un tal Heraclio y sus seguidores se opusieron al Pontífice; muy probablemente Heraclio era uno de los que habían apostatado y quería ser admitido nuevamente en la comunión de la Iglesia sin penitencia alguna. Una inscripción del Papa San Dámaso en la tumba de San Eusebio, quien fue sepultado en el cementerio de Calixto, recuerda que la disputa se prolongó hasta el pontificado de nuestro santo y produjo numerosos desórdenes y pleitos en la Iglesia de Roma.

A lo que parece, los "lapsos" o apóstatas intentaron introducirse por la fuerza en las reuniones de los fieles. El tumulto fue tan grande, que el emperador Majencio desterró a San Eusebio y a Heraclio de la ciudad. El Pontífice se trasladó a Sicilia, donde murió poco después.

Como el destierro fue una consecuencia de la firmeza con que exigió el cumplimiento de los cánones, el pueblo cristiano le veneró como mártir en una época. San Dámaso le da también el título de mártir.

Fue enterrado en la catacumba de Calixto I en Roma.
Más tarde su cuerpo fue trasladado en San Sebastián Extramuros.
Su festividad se celebra el 26 de septiembre.
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Sucesor del Papa San Marcelo I, su pontificado fue corto, en el año 309 ó 310. El Catálogo Liberiano dice que duró sólo cuatro meses, del 18 de abril al 17 de agosto de 309 ó 310.

Sabemos algunos detalles de su carrera de un epitafio en su tumba, que fue mandado a hacer por el Papa San Dámaso I. Este epitafio llegó a nosotros a través de transcripciones antiguas. Unos pocos fragmentos del original, junto con una copia en mármol del siglo VI hecha para sustituir el original después de su destrucción, fueron hallados por De Rossi en la capilla papal, en las catacumbas de San Calixto.

De este epitafio surge que las graves disensiones internas causadas en la Iglesia Romana por la readmisión de los apóstatas (lapsi) durante la persecución de Diocleciano, y que habían surgido ya bajo Marcelo, continuaron durante el papado de Eusebio. Ese último mantenía la actitud de la Iglesia Romana, adoptada después de la persecución de Decio (250-251), que los apóstatas no debían ser excluidos por siempre de la comunión eclesiástica, sino por otro lado, debían ser readmitidos sólo después de haber hecho una adecuada penitencia (Eusebius miseros docuit sua crimina flere).
Una facción de cristianos en Roma bajo el liderazgo de un tal Heraclio se oponía a este punto de vista. No se ha determinado si Heraclio y sus seguidores propugnaban una interpretación de la ley más rigurosa (novacianismo) o más indulgente. Esta última, sin embargo, es por mucho más probable en la hipótesis de que Heraclio era el jefe de un partido compuesto por apóstatas y sus seguidores, que demandaban la inmediata restauración al cuerpo de la Iglesia. Dámaso describe en términos muy fuertes el conflicto que sobrevino (seditcio, cœdes, bellum, discordia, lites). Es probable que Heraclio y sus adeptos buscaran por la fuerza su admisión al culto divino, lo cual resentían los fieles reunidos en Roma alrededor de Eusebio. En consecuencia, ambos Eusebio y Heraclio fueron desterrados por el emperador Maxentio. Eusebio, en particular, fue exiliado a Sicilia, donde murió muy pronto.

El Papa San Melquíades ascendió a la Silla Papal el 2 de julio de 311. El cuerpo de su predecesor fue traído a Roma, probablemente en 311, y el 26 de septiembre (según el "Depositio Episcoporum" en el cronógrafo de 354) fue colocado en un cubículo separado de la catacumba de San Calixto.

Su firme defensa de la disciplina eclesiástica y el destierro que sufrió por ello causaron que fuera venerado como un mártir, y en su epitafio el Papa Dámaso honró a Eusebio con dicho título.
Su fiesta se celebra todavía el 26 de septiembre.
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Bibliografía: Liber pontificalis, ed. DUCHESNE, I, 167; DE ROSSI, Roma sotterranea, II (Rome 1867), 191-210: NORTHCOTE AND BROWNLOW, Roma sotterranea, 2nd ed. (London, 1879); LIGHTFOOT, Apostolic Fathers, 2nd ed. I, I, 297-299; IHM, Damasi Epigrammata (Leipzig, 1895), 25, num. 18; Acta SS., Sept., VII, 265-271; Carini, I lapsi e la deportazione in Sicilia del Papa S. Eusebio (Rome, 1886); LANGEN, Geschichte der römischen Kirche, I (Bonn, 1881), 380-382.
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Fuente: Kirsch, Johann Peter. "Pope St. Eusebius." The Catholic Encyclopedia. Vol. 5. New York: Robert Appleton Company, 1909. <newadvent.org>.
Traducido por Luz María Hernández Medina.
Tomado de: ec.aciprensa.com

septiembre 23, 2013

San Lino, Papa y Mártir

San Lino, Papa y Mártir
Septiembre 23
 
2 -San Lino: Tuscany; 67-76.
De Volterra, elegido en 67. Murió el 23-9-76. Enterrado cerca de san Pedro. Creó los primeros quince Obispos. Ordenó a las mujeres de entrar a la Iglesia con la cabeza cubierta. Durante su pontificado fueron martirizados los evangelistas Marco y Lucas.
Martirologio Romano: En Roma, conmemoración de san Lino, papa, a quien, según testimonio de san Ireneo, los santos apóstoles le encomendaron el episcopado de la Iglesia fundada en la Urbe. Pablo apóstol lo recuerda como compañero (s. I).
 
San Lino fue el primer obispo de Roma inmediatamente después de San Pedro, a quien sucedió el año 67 de Nuestro Señor, después de que el Santo Apóstol recibiera la corona del martirio.
 
Este Santo, de quien have mención el Apóstol San Pablo en aquellas palabras de la Carta a Timoteo: "Te mandan saludos Eubulo, Pudente, Lino, Claudia y todos los hermanos" (2 Timoteo 4,21), fue italiano, natural de Volterra en la Tosacana, de familia noble y distinguida, tanto por su calidad y por sus grandes bienes de fortuna, como por los primeros cargos que sus ilustres antepasados habían dignamente ejercido en el país.
 
Su padre fue un señor de nombre Herculano, y su madre aquella misma Claudia, cuyo elogio have el Apóstol San Pablo escribiendo a Timoteo desde la prisión nueve o diez meses antes de su muerte; lo que da motivo a creer que toda aquella ilustre familia había abrazado el cristianismo durante las apostólicas excursiones que San Pedro y San Pablo habían hecho por toda Italia.
 
Desde luego reconoció San Pedro en San Lino un natural tan bello, una piedad tan pura, tan sólida y tan sobresaliente, un fondeo de capacidad y de prudencia tan grande, y un celo tan generoso y tan a prueba de todo, en un tiempo en que la tierna y recién nacida Iglesia tenía tanta necesidad de buenos y fieles ministros.

Gozó la Iglesia de bastante tranquilidad en todo el tiempo del Emperador Claudio, y los diez primeros años del Imperio de Nerón; y queriendo San Pedro aprovecharse de aquella calma, para asistir al Concilio de Jerusalén hacia el año 48 de Cristo, y para hacer muchas excursiones apostólicas en diferentes provincias, se tiene por cierto que para no dejar sin pastor a su querido rebaño ordenó obispo a San Lino, y le hizo vicario suyo en Roma, junto con San Clemente, durante el tiempo de su ausencia.
 
Reconoció San Pedro a su vuelta, que no se había equivocado en el concepto del mérito, del celo y de las grandes virtudes de San Lino, admirando su solicitud pastoral, su prudencia, su gran caridad y las demás admirables prendas que le habían hecho dueño de los corazones, y merecido la estimación de todos los fieles.
 
San Pedro envió a San Lino a las Galias para que llevase a ellas la luz de la fe. Lleno nuestro Santo del mismo espíritu que animaba a los Apóstoles, atravesó los Alpes, entró en aquellas vasta regiones en que reinaba la idolatría. Llegó a Bensanzon, ciudad célebre sobre el río Doux, capital del Franco condado, y de la cual se have mención en los comentarios de César.
 
Como a algunos centenares de pasos antes de la ciudad encontró San Lino a un oficial llamado Onosio, que era tribuno. Miró Onosio con atención a aquel extranjero; y movido de su aire, pero más que todo de su singular modestia, le preguntó de dónde era, qué religión profesaba, y a qué fin se dirigía su viaje.

Aprovechando San Lino aquella ocasión para anunciar a Jesucristo le dijo a Onosio: "Yo adoro al único y sólo Dios verdadero, Todopoderoso, y eterno Creador de todas las cosas, a quien ruego que te sea propicio. Este sólo verdadero Dios tiene un único Hijo, tan Eterno y tan Poderoso como Él; y éste su único Hijo movido de la ceguedad y miseria de los hombres, se hizo hombre por la salud de los mismos hombres: se llama Jesucristo, y quiso morir en una cruz por nuestros pecados. Es verdad que para demostrar que era también Dios resucitó por su propia virtud al tercer día después de su muerte. Ahora vive en el cielo, y vivirá eternamente en él en compañía de los que abrazaren su religión, guardaren sus mandamientos y murieren en su gracia".
 
Oyendo esto Onosio, ya fuese por ligereza o por burla, se echó a reír; pero como ya antes había oído hablar de Jesucristo crucificado, le picó la curiosidad, y deseoso de saber a fondo toda la historia, brindó a San Lino su casa. Aceptó San Lino su hospedaje, y a pocos días por su modestia, por su dulzura y por su singularísima santidad se hizo dueño de todo el corazón y de toda la estimación del Tribuno, logrando San Lino la conversión del mismo
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Reinó aproximadamente del 64 ó 67 hasta el 76 ó 79.
 
Todos los antiguos registros de los obispos romanos, que nos han sido transmitidos por San Ireneo, Julio Africano, San Hipólito, Eusebio de Cesarea, también el catálogo Liberiano del 354, colocan el nombre de Lino directamente después del Príncipe de los Apóstoles, San Pedro. Estos registros se remontan a una lista de los Obispos Romanos que existieron en el tiempo del Papa San Eleuterio (cerca del 174-189), cuando Ireneo escribió su libro “Adversus haereses”. Como opuesto a este testimonio, no podemos aceptar como más segura la afirmación de Tertuliano, que coloca indudablemente al Papa San Clemente I (De praescriptione, XXII) después del apóstol San Pedro, como fue hecho más tarde también por otros eruditos latinos (San Jerónimo, "De vir. ill.", XV). La lista romana en San Ireneo tiene mayores reclamos hacia la autoridad histórica. Este autor reclama que el Papa Lino, es el Lino mencionado por San Pablo en su segunda carta a Timoteo 4,21. El pasaje de Ireneo (Adv. haereses, III, III, 3) lee: “Después que los Santos Apóstoles (Pedro y Pablo) fundaron y pusieron la Iglesia en orden (en Roma) le dieron el ejercicio del oficio episcopal a Lino. El mismo Lino es mencionado por San Pablo en su Epístola a Timoteo. Su sucesor fue Anacleto”. Nosotros no podemos confiar si esta identificación del Papa, como el Lino mencionado en 2 Tim. 4,21 se origina en una fuente antigua y confiable, o si se originó luego debido a la similitud del nombre.

El término del pontificado de Lino, de acuerdo a las listas de Papas transmitidas a nosotros, duró sólo doce años. El Catálogo Liberiano muestra que duró doce años, cuatro meses y doce días. Las fechas dadas en este catálogo, 56 d.C. hasta el 67 d.C, son incorrectas. Quizás fue debido a estas fechas que los escritores del siglo IV opinaron que Lino había ocupado la posición de cabeza de la comunidad romana durante la vida del apóstol; por ejemplo, Rufino, en el prefacio a su traducción del seudo-Clementino "Reconocimientos". Pero esta hipótesis no tiene base histórica. No hay duda que según los relatos de Ireneo respecto a la Iglesia Romana en el siglo II, Lino fue escogido para ser cabeza de la comunidad de cristianos en Roma, después de la muerte del Apóstol. Por esta razón su pontificado data desde el año de la muerte de los Apóstoles Pedro y Pablo, que, sin embargo, no se conoce con toda seguridad.

El Liber Pontificalis afirma que el hogar de Lino estaba en Toscana, y que el nombre de su padre era Herculano; pero no podemos descubrir el origen de esta afirmación. De acuerdo a la misma obra sobre los Papas, se supone que Lino emitió un decreto "en conformidad con la ordenanza de San Pedro", que las mujeres debían tener sus cabezas cubiertas en la iglesia. Sin duda que este decreto es apócrifo, y copiado por el autor del “Liber Pontificalis”, de la Primera Epístola de San Pablo a los Corintios (11,5) y atribuida arbitrariamente al primer sucesor del Apóstol en Roma. La declaración hecha en la misma fuente, que Lino sufrió el martirio, no puede ser probada y es improbable. Pero entre Nerón y Domiciano no hay mención de ninguna persecución a la Iglesia Romana; e Ireneo (1. C., III, IV, 3) de entre los primeros obispos romanos, sólo designa al Papa San Telesforo como un mártir glorioso.

Finalmente este libro afirma que Lino, luego de su muerte, fue enterrado en el Vaticano, al lado de San Pedro. Nosotros no sabemos si el autor tuvo alguna razón decisiva para esta afirmación. Como San Pedro ciertamente fue enterrado al pie de la Colina del Vaticano, es muy posible que los primeros obispos de la Iglesia Romana fueran enterrados también allí. No había nada en la tradición litúrgica del siglo IV la Iglesia Romana que probara esto, porque fue sólo a fines del siglo II que se instituyó alguna fiesta especial para los mártires, y consecuentemente Lino no aparece en las listas del siglo IV de las fiestas de los santos romanos. Según Torrigio ("Le sacre grotte Vaticane", Viterbo, 1618, 53) cuando la presente confesión se construyó en San Pedro (1615), se encontraron unos sarcófagos, y entre ellos había uno que llevaba la palabra Lino. La explicación dada por Severano acerca de este descubrimiento ("Memorie delle sette chiese di Roma", Roma, 1630, 120) es que probablemente estos sarcófagos contuvieron los restos de los primeros obispos romanos, y que el que contenía esa inscripción era el lugar de entierro de Lino. Esta afirmación fue repetida más tarde por diferentes escritores. Pero de un manuscrito de Torrigio vemos que en el sarcófago en cuestión había otras letras además de la palabra Lino, por lo que podrían haber pertenecido a algún otro nombre (tal como Aquilino, Anulino). El lugar del descubrimiento de la tumba es una prueba de que no podría ser la tumba de Lino (De Rossi, "Inscriptiones christianae urbis Romae", II, 23-7).

La fiesta de San Lino ahora se celebra el 23 septiembre. Esta también es la fecha dada en el “Liber Pontificalis”. Una epístola sobre el martirio de los Apóstoles San Pedro y San Pablo se atribuyó a San Lino en un período posterior, y supuestamente fue mandada por él a las Iglesias Orientales. Es apócrifa y de una fecha posterior que la historia del martirio de los dos apóstoles, atribuido por algunos a Marcelo, lo que también es apócrifo ("Acta Apostolorum apocrypha", ed Lipsius y Bonnet, I, ed; Leipzig, 1891, sqq de XIV., 1 sqq.)
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Bibliografía: LIGHTFOOT, Los Padres Apostólicos; San Clemente de Rome, I (Londres, 1890), 201 sqq.; HARNACK, Geschichte der Altchristlichen Literatur, II: Die Chronologie I (Leipzig, 1897), 70; Acta SS. septiembre, VI, 539 sqq., Liber Pontificalis, ed. DUCHESNE, I, 121: cf. Introducción, LXIX; DE SMEDT, Dissertationes selectae in primam aetatem hist. eccl., I, 300 sqq
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Fuente: Kirsch, Johann Peter. "Pope St. Linus." The Catholic Encyclopedia. Vol. 9. New York: Robert Appleton Company, 1910. newadvent.org
Traducido por Alonso Teullet. lhm
Tomado de: ec.aciprensa.com

septiembre 20, 2013

San Agapito I, Papa

San Agapito I, LVII Papa
Abril 22 - Septiembre 20

57 -San Agapito I: Roma; Mayo 13, 535 -Abril 22, 536.
Nació en Roma. Elegido el 13. V.535, murió el 22.IV.536. Fue en misión a Constantinopla por deseo del Rey de los Godos para apagar las intenciones del Emperador Justiniano sobre Italia. Murió envenenado por oscuros embrollos de la esposa del Emperador, Teodora, de religión eutiquiana.
Martirologio Romano: En Constantinopla, nacimiento para el cielo de san Agapito I, papa, que trabajó enérgicamente para que los obispos fuesen elegidos libremente por el clero de la ciudad y se respetase la dignidad de la Iglesia. Enviado a Constantinopla por Teodorico, rey de los ostrogodos, ante el emperador Justiniano confesó la fe ortodoxa, ordenó a Means como obispo de aquella ciudad y descansó en paz (536).

Etimológicamente: Agapito = Aquel que es amable, es de origen griego.
Reinó del 535-536.
Su fecha de nacimiento es incierta; murió el 22 de abril del 536.

Fue hijo de Gordianus, un sacerdote Romano que había sido liquidado durante los disturbios en los días del Papa Symmachus.

Su primer acto oficial fue quemar en presencia de la asamblea del clero, el anatema que Bonifacio II había pronunciado en contra de Dioscurus, su último rival, ordenando fuera preservado en los archivos Romanos.

El confirmó el decreto del concilio sostenido en Cartago, después de la liberación de África, de la yunta de Vándalo, según los convertidos del Arrianismo, fueron declarados inelegibles a las Santas Ordenes y aquellos ya ordenados, fueron admitidos meramente para dar la comunión.

Aceptó una apelación de Contumeliosus, Obispo de Riez, a quien un concilio en Marsella había condenado por inmoralidad, ordenando a San Caesarius de Aries otorgar al acusado un nuevo juicio ante los delegados papales. Mientras tanto, Belisarius, después de la sencilla conquista de Sicilia, se preparaba para una invasión de Italia.

El rey Gótico, Theodehad, como último recurso, mendigó al viejo pontífice proceder a Constantinopla y traer su influencia para lidiar con el Emperador Justiniano.

Para pagar los costos de la embajada, Agapito se vio obligado a prometer las naves sagradas de la Iglesia de Roma.

Se embarcó en pleno invierno con cinco obispos y un séquito imponente. En febrero del 536, apareció en la capital del Este y fue recibido con todos los honores que convienen a la cabeza de la Iglesia Católica.

Como él había previsto sin duda, el objeto aparente de su visita fue condenado al fracaso. Justiniano no podría ser desviado de su resolución para restablecer los derechos del Imperio en Italia. Pero desde el punto de vista eclesiástico, la visita del Papa a Constantinopla marcó un triunfo escasamente menos memorable que las campañas de Belisario.

El entonces ocupante de la Sede Bizantino era un cierto Anthimus, quien sin la autoridad de los cánones había dejado su sede episcopal en Trebizond, para unir el cripto-Monophysites que, en unión con la Emperatriz Teodora, intrigaban para socavar la autoridad del Concilio de Calcedonia.

Contra las protestas del ortodoxo, la Emperatriz finalmente sentó a Anthimus en la silla patriarcal.

No bien hubo llegado el Papa, la mayoría prominente del clero mostró cargos en contra del nuevo patriarca, como un intruso y un herético. Agapito le ordenó hacer una profesión escrita de la fe y volver a su sede abandonada; sobre su negativa, rechazó tener cualquier relación con él.

Esto enfadó al Emperador, que había sido engañado por su esposa en cuanto a la ortodoxia de su favorito, llegando al punto de amenazar al Papa con el destierro. Agapito contestó con el espíritu: "Con anhelo ansioso vengo a mirar hacia el Emperador Cristiano Justiniano. En su lugar encuentro a un Dioclesiano, cuyas amenazas, sin embargo, no me aterrorizan." Este atrevido idioma hizo que Justiniano tomara una pausa; siendo convencido finalmente de que Anthimus era poco sólido en la fe, no hizo ninguna objeción al Papa en ejercitar la plenitud de sus poderes a deponer y suspender al intruso, y, por primera vez en la historia de la Iglesia, consagrar personalmente a su sucesor legalmente elegido, Mennas.

Este memorable ejercicio de la prerrogativa papal no se olvidó pronto por los Orientales, que, junto con los Latinos, lo veneran como un santo.

Para purificarlo de cualquier sospecha de ayudar a la herejía, Justiniano entregó al Papa una confesión escrita de la fe, que el último aceptó con la juiciosa cláusula, "aunque no pudiera admitir en un laico el derecho de enseñar la religión, observaron con placer que el afán del Emperador estaba en perfecto acuerdo con las decisiones de los Padres".

Poco después Agapito cayó enfermo y murió, después de un glorioso reinado de diez meses. Sus restos fueron introducidos en un ataúd y dirigidos a Roma, siendo depositados en San Pedro.

Su memoria se mantiene el 20 de septiembre, el día de su deposición.
Los griegos lo conmemoran el 22 abril, día de su muerte.
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Fuente: Enciclopedia Católica || ACI Prensa

septiembre 16, 2013

Beato Víctor III, Papa

Beato Víctor III, Papa 
Septiembre 16

158 -Beato Víctor III (Dauferius, Desiderius): Benevento; Mayo 24, 1086- Septiembre 16, 1087.
Nació en Montecassino. Elegido el 24.V.1086, murió el 16.IX,1087. Después de 4 días de su elección se refugió en Montecassino. Proclamado por segunda vez fue conducido a Roma por la fuerza y consagrado. Excomulgó al antipapa Clemente III, su residencia fue la isla Tiberina fortificada.
Martirologio Romano: En Montecasino, tránsito del beato Víctor III, papa, quien, después de regir sabiamente durante treinta años el célebre monasterio y enriquecerlo magníficamente, fue elegido para gobernar la Iglesia romana (1087).

El joven que habría de llegar a Papa con el nombre de Víctor III, era conocido en la vida secular como Daufar y pertenecía a la familia lombarda de los duques de Benevento.

Como era el hijo único, su padre se mostraba ansioso para que contrajera matrimonio y le diera nietos, pero Daufar, cuya "nobleza de alma era mayor que la de su nacimiento", sentía en su fuero interno la certeza de que estaba llamado para servir a Dios como monje.

En el año de 1047, su padre perdió la vida en el campo de batalla y Daufar, que por entonces tendría unos veinte años, aprovechó la oportunidad para desligarse de la familia e irse a vivir con un ermitaño. Pero sus parientes le encontraron, forcejearon con él hasta el extremo de desgarrarle el hábito que vestía y, a fin de cuentas, le obligaron a volver con ellos a su casa de Benevento. Ahí se le mantuvo bajo estrecha vigilancia, pero al cabo de doce meses de encierro, consiguió escapar y huyó para refugiarse en el monasterio de La Cava. Por fin, su familia aceptó el hecho irrefutable de su vocación y le permitió que realizara sus deseos, con la única condición de abandonar el monasterio de La Cava para ingresar en la abadía de Santa Sofía, en Benevento.

Daufar accedió y, al entrar en el convento, su nuevo abad le dio el nombre de Desiderio. Transcurrieron algunos años sin que el joven monje encontrara el camino que buscaba: estuvo en un monasterio de una isla en el Adriático, estudió medicina en Salerno y fue ermitaño en los Abruzos.

Sin embargo, ya para entonces había atraído la atención favorable del Papa San León IX y, alrededor del año 1054, lo hizo ir a Roma. Ahí se quedó durante el reinado del papa Víctor II y ahí conoció a los monjes de Monte Cassino que le impresionaron de tal manera, que no tardó en hacer una peregrinación a la cuna de la orden de los benedictinos y acabó por unirse a la comunidad. En el año de 1057, el Papa Esteban llamó a Daufar a Roma, con la intención de enviarle como delegado a Constantinopla.

El Papa Esteban había sido abad en Monte Cassino y había retenido el cargo al ser elegido como Pontífice; pero, por aquel entonces estaba enfermo y, como creía que no iba a tardar mucho en llegar su muerte, decidió que se realizara sin tardanza la elección de su sucesor. La votación favoreció por unanimidad a Daufar, es decir al monje Desiderio. Este partió de todas maneras hacia el oriente para ocupar su puesto de delegado pontificio en Constantinopla, pero apenas había llegado a la ciudad de Bari, cuando le notificaron la muerte del Papa Esteban y tuvo que regresar. En Roma surgió una disputa en cuanto a la sucesión al trono de San Pedro y, durante la misma, Desiderio apoyó la elección de Nicolás II, que asumió el cargo, pero antes de autorizar a Desiderio para que se reintegrara a su monasterio de Monte Cassino, le consagró cardenal.


Desiderio fue uno de los grandes abades de Monte Cassino y, durante su gobierno, el famoso monasterio alcanzó el pináculo de su gloria. Primero, hizo reconstruir la iglesia y, después, todo el conjunto de edificios que dispuso en una escala más amplia y conveniente de la que había adoptado San Petronax y el abad Aligerno al restaurar la abadía después de los saqueos y destrucciones de los lombardos y los sarracenos. Embelleció de manera muy especial la basílica; "recurrió a las influencias y al dinero" y, no sólo hizo traer los mejores materiales de Roma, sino que contrató a los más diestros trabajadores de Lombardía, Amalfi y la misma Constantinopla. Gracias a esa combinación de las escuelas arquitectónicas de Lombardía y de Bizancio, surgieron en Monte Cassino nuevas formas y motivos de decoración, en la construcción, los mosaicos, los ornamentos, las pinturas y la iluminación; los mismos monjes de la abadía pusieron sus conocimientos y sus habilidades al servicio de la magna obra. Toda aquella magnificencia no era un vano exhibicionismo ni se había hecho para hospedar a "devotos hipócritas de fervor externo." La virtud entre los monjes de Monte Cassino se arraigó todavía más, y su número aumentó a doscientos y el abad Desiderio insistió y cuidó de que todos se sometieran a la más estricta observancia de la regla. Entre los que se sintieron atraídos hacia el monasterio figuraba Constantino Africano, el más notable de los médicos de la antigua escuela de Salerno y amigo personal de Desiderio.

Por otra parte, las construcciones y decoraciones dieron un trabajo material continuo y bien remunerado a numerosos trabajadores, artistas y artesanos. Desde entonces, el scriptorium de Cassino fue famoso por los libros que ahí se copiaban y por las iluminaciones e ilustraciones. Además de abad y cardenal, Desiderio era vicario papal para Campania, Apulia, Calabria y Capua, y la Santa Sede tenía tanta consideración y confianza hacia él, que le autorizó a nombrar prelados para los obispados vacantes y las abadías sin superior.


El Papa San Gregorio VII utilizó con mucha frecuencia a Desiderio corno su intermediario ante los normandos en Italia. No obstante que era de un tipo opuesto al de Gregorio, por la dulzura de su carácter, se mostró siempre corno un decidido y aun enérgico defensor del papado contra las ambiciones del emperador; es muy posible que su nombre haya sido uno de los que pronunció San Gregorio en su lecho de muerte, como posible sucesor. Cuando el Pontífice murió, Desiderio huyó de prisa de Roma y se refugió en Monte Cassino para evitar su elección, pero, en el mes de mayo de 1086, fue elegido por aclamación y se le impuso la roja capa pluvial pontificia en la iglesia de Santa Lucía para que reinara con el nombre de Víctor. Cuatro días más tarde, surgió una oposición que le brindó la oportunidad para huir de nuevo a Monte Cassino, donde dejó de lado las insignias pontificias y no se dejó convencer para ocupar el cargo hasta la Pascua del año siguiente. La sede de Roma se hallaba ocupada por entonces por el antipapa impuesto por el emperador, Guiberto de Ravena ("Clemente III"). Pero las fuerzas normandas consiguieron sacarlo de San Pedro durante el tiempo suficiente para que Víctor fuese consagrado ahí. Inmediatamente después de su consagración, partió al monasterio.

Pocas semanas más tarde, volvió a Roma, por última vez, cuando la condesa Matilde de Toscana se esforzaba por desalojar a Guiberto. Aquel Papa, tan amante de la paz y tan enfermo que rara vez podía celebrar la misa, no estaba capacitado para ver a su ciudad apostólica convertida en un campo de batalla y, hacia fines del verano, la abandonó para siempre. Después de un sínodo que él presidió en Benevento, fue llevado agonizante a su monasterio. Tendido en un camastro en la casa capitular, dio las últimas instrucciones a sus monjes y recomendó a Eudes, el cardenal obispo de Ostia, para que ocupase la sede apostólica. Murió dos días después, el 16 de septiembre de 1087.
Había sido Papa durante cuatro meses. El culto al Beato Víctor III fue aprobado por el Papa León XIII, quien agregó su nombre al Martirologio Romano.

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San Cornelio, Papa y Mártir

San Cornelio, Papa y Mártir 
Septiembre 16

21 -San Cornelio: Roma; Marzo 251-Junio 253. Nació en Roma. Mártir. Elegido en el III-251, murió en el VI- 253. bajo su pontificado se efectuó el primer cisma con la elección del antipapa Navaciano que en un concilio celebrado en Roma fue excomulgado. Murió en exilio a Civitavecchia por no haber sacrificado a los dioses paganos.
21 -San Cornelio: Roma; Marzo 251-Junio 253.
Nació en Roma. Mártir. Elegido en el III-251, murió en el VI- 253. bajo su pontificado se efectuó el primer cisma con la elección del antipapa Navaciano que en un concilio celebrado en Roma fue excomulgado. Murió en exilio a Civitavecchia por no haber sacrificado a los dioses paganos.

Martirologio Romano: En Roma, en la vía Apia, en la cripta de Lucina del cementerio de Calixto, sepultura de san Cornelio, papa y mártir, que se opuso seriamente a la escisión de Novaciano y, con gran espíritu de caridad, recuperó a la plena comunión con la Iglesia a muchos cristianos caídos en la herejía. Padeció al final el destierro a Civitavecchia, en la Toscana, por parte del emperador Galo, sufriendo lo indecible en palabras de san Cipriano. Su memoria se celebra pasado mañana (252).
Memoria de los santos Cornelio, papa, y Cipriano, obispo, mártires, acerca de los cuales el catorce de septiembre se relata la sepultura del primero y la pasión del segundo. Juntos son celebrados en esta memoria por el orbe cristiano, porque ambos testimoniaron, en días de persecución, su amor por la verdad indefectible ante Dios y el mundo (252, 258).

El catolicismo no es laxitud, pero tampoco es rigidez inhumana. Cuenta con las debilidades de los hombres, como contó con ellas su Divino Fundador, Jesús, que no quebraba la caña cascada, ni apagaba el leño todavía humeante. Es curioso observar cómo la Iglesia condenó con idéntico celo la depravación de las costumbres que el rigorismo moral: las ideas desorbitantes como las demasiado alicortas. Ya desde los primeros siglos de la era cristiana fueron fulminadas con el anatema todas las doctrinas que suponían al hombre fuera del quicio de su debilidad. Estúdiense las condenaciones de encratitas, novacianos, jansenistas, etc., y se verá que los rostros ceñudos y demasiado alargados por la rigidez no caben en la Iglesia. Y es que ésta se sitúa siempre en el file de la balanza: entre el ángel y la bestia: entre los hombres. Yerran, por tanto, quienes intentan deshumanizar al hombre con el pretexto de elevarlo hacia las altas cimas de Dios, ¿Condescendencia de la Iglesia? En cuanto que aprueba el mal, no; pero sí en cuanto que lo supone. Bien considerado todo esto, queda bien claro que no hay por qué rasgarse las vestiduras cuando la Iglesia —Esposa purísima de Cristo— rechaza palabras como reforma, puritano, cátaro (= puro), pietista, etc. (todas ellas con un evidente significado de pureza), por estar marcadas de herejía.
El refrán latino dice que in medio, consistit virtas (en el medio está la virtud), y la Iglesia se mantiene en ese medio humano evitando los extremos de rigorismo o laxitud.
Y todo esto, a propósito de San Cornelio. Porque este Santo fue uno de los que —desde el timón de la nave de San Pedro— supieron sortear los escollos del más y del menos, quedando en el justo medio.
En efecto, el nombre del papa Cornelio va asociado en la historia eclesiástica al del cisma o herejía de los novacianos. Frente a la intransigencia de éstos, San Cornelio vio que el leño todavía humeaba... ¿Por qué, pues, apagarlo? En la célebre cuestión de los lapsi (o caídos en la apostasía) veremos que San Cornelio representa la auténtica mentalidad de la Iglesia.
No es demasiado lo que se sabe sobre este Papa, pero es suficiente e históricamente válido.
A la muerte. del papa Fabián, martirizado en el comienzo de la persecución de Decio (20 de enero del 250), la sede romana quedó vacante durante dieciséis meses. En este largo período gobernaron la Iglesia romana los sacerdotes de la ciudad, entre los cuales se significó en todo momento un tal Novaciano, autor de diversas obras y hombre rigorista, Y éste, parecía ser el candidato para ocupar la cátedra de San Pedro, cuando, al amainar la persecución, se trató de elegir nuevo Papa. Sin embargo, la mayoría de los votos designó al sacerdote Cornelio (abril del 251), que fue reconocido como Romano Pontífice, frente a un grupo de presbíteros que apoyaban a Novaciano. La ambición de éste hizo que pronto surgiera un cisma en Roma. De hecho, Novaciano se hizo consagrar como obispo de Roma y envió cartas a las demás iglesias para que le reconocieran como Papa. Pero prevaleció pronto el buen sentido, y Cornelio vio que su designación era aceptada como válida, no sólo por la mejor parte del clero y del pueblo de Roma, sino también por las grandes lumbreras de la época, Dionisio de Alejandría, Cipriano de Cartago, así como por el resto de la cristiandad.
La actividad de este Pontífice se centró principalmente en la condenación del rigorismo de Novaciano en la cuestión de los lapsi. Ya desde muchos años atrás se venía discutiendo si los cristianos que habían apostatado de la fe (=lapsi) podían ser admitidos en el seno de la Iglesia, previa una sincera conversión. Esto, en definitiva, no era sino un caso particular de la gran cuestión que había agitado a los pontificados de Ceferino (198-217) y de Calixto (217-222) sobre la admisión en la Iglesia o la exclusión perpetua de la misma de los grandes pecadores. Los obispos de Oriente se inclinaban más bien por el rigorismo; aunque no fue esto general, pues ya hemos dicho que por lo menos San Dionisio de Alejandría se inclinó hacia San Cornelio. El problema, como se ve, adquirió dimensiones extraordinarias y turbó durante años a algunas cristiandades. Concretamente, San Cipriano hubo de maniobrar entre el rigorismo desesperante y la indulgencia excesiva, inclinándose al fin y abiertamente hacia la doctrina del papa Cornelio, como lo testimonia la correspondencia sostenida con el Pontífice Romano por el gran obispo de Cartago. Esta correspondencia tiene, por otra parte, una importancia nada despreciable para demostrar la primacía de la Iglesia romana.
El hecho es que en pocos meses la verdad se impuso sobre el error. San Cornelio, espíritu recto aunque flexible, supo demostrar que hay momentos en que no es posible ceder. Así le ocurrió a él, cuando supo sellar su fe con el martirio en Centumcellae (actual Civitavecchia) en el año 252.

La muerte de San Cornelio tuvo lugar en el mes de junio; pero la traslación de sus restos a Roma, desde la cercana ciudad, a donde había sido desterrado y donde sufrió el martirio, se verificó probablemente el 14 de septiembre, fecha de la muerte de San Cipriano, cuya memoria va asociada a la de nuestro Santo en una fiesta común. Fue enterrado en una cripta próxima al cementerio de San Calixto. Su epitafio no está escrito en griego, como el de los papas del siglo III; dice simplemente Cornelius martyr, E. P., ¿no es más que suficiente título de gloria este del martirio? Su sucesor fue el papa Lucio.
De la carta de San Cornelio a Fabián de Antioquía se desprenden unos datos interesantes para conocer el estado de la Iglesia de Roma, todavía no desarrollada por completo: los presbíteros eran, en aquella sazón, cuarenta y seis, siete diáconos, siete los subdiáconos, cuarenta y dos los acólitos y cincuenta y dos los exorcistas, lectores y ostiarios. Cifras, en verdad, muy modestas para las que había de alcanzar con el correr del tiempo la Urbe, pero que revelan ya la pujanza del cristianismo en medio de la persecución.
De la vida de San Cornelio podemos sacar una enseñanza, a saber, que hay que estar dispuestos a sellar la fe con el testimonio de la sangre, pero, a la vez, hay que tener comprensión con los débiles, con los que reniegan con su conducta de la fe o con los que no han recibido de Dios todavía esa "luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo" (San Juan).
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Autor: Faustino Martínez Goñi | Fuente: Mercaba.org

septiembre 08, 2013

San Sergio I, Papa

San Sergio I, Papa
Septiembre 8

84 -San Sergio I: Siria; Diciembre 15, 687 - Septiembre 8, 701. Nació en Antioquía. Elegido el 15.XII.687, murió el 8.IX.701. Nombrado después de dos antipapas, intentó terminar con el cisma surgido en la misma Roma e hizo cesar el de Aquileia. Introdujo en la liturgia el canto del "Agnus Dei".
Martirologio Romano: En Roma, en la basílica de San Pedro, sepultura del papa san Sergio I, de origen sirio, que trabajó en favor de la evangelización de Sajonia y de Frisia, y buscando el arreglo de disensiones y litigios, prefirió enfrentar al emperador y a la muerte a consentir los errores (701).

687-701 De origen sirio, tal vez naciera en Sicilia. Junto con él fueron elegidos otros dos, pero la discordia duró poco y él pudo gobernar en paz con la aprobación del exarca de Rávena, Juan Platina.

Consiguió recomponer una división entra la Iglesia de Roma y la Iglesia armenia. Tuvo un durísimo, enfrentamiento con el nuevo emperador Justiniano II. El emperador había convocado en su palacio, sin el consentimiento del Papa, un concilio, que pasó a la historia con el nombre Quinto-Sexto. Sergio ni siquiera fue invitado, pero sí le entregaron las 102 propuestas elaboradas para que las aprobara y las suscribiera. Naturalmente el Papa se negó. Entonces Justiniano ordenó que le detuvieran.

La medida imperial fue considerada universalmente sacrílega, por primera vez, y hubo entonces un levantamiento general: la misma Rávena, la Pentápolis y las provincias lindantes, con sus ejércitos y todo el pueblo de Roma, salieron indignados en defensa del Papa. Este asunto fue para Justiniano el final del poder y de la integridad física -de hecho fue destronado, mutilado y exiliado- mientras que para el Papa fue el inicio de una poderosa consolidación de su poder.

Se hacía cada vez más evidente quién era el principal señor de Italia.

Con él se cerró definitivamente la cuestión de los tres capítulos del Concilio de Calcedonia, relativa a la herejía eutiquiana. Bautizó a Cedwala, rey de los Sajones, en San Pedro el sábado Santo de la Pascua del año 689. Introdujo el tríplice canto del Agnus Dei en la Misa. Sostuvo Venecia en su intento de independizarse de Constantinopla.
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Descendiente de una familia de Antioquía asentada en Palermo.

Elegido después de dos elecciones, la una a favor del Arcediano Pascual, y la otra del Arcipreste Teodoro. Este último se sometió voluntariamente a Sergio; el Arcediano, aunque lo hizo, fue de mala voluntad.

Estos dos antipapas quedan pronto apartados por la elección de Sergio I que con el apoyo del exarca de Rávena fue consagrado, con sospechas de simonía al haber sido acusado de pagar por su elección al citado exarca, el 15 de diciembre de 687.

Durante su pontificado se celebró en Constantinopla entre el 691 y el 692 un concilio convocado por el emperador Justiniano II y conocido como el Segundo Concilio Trullano.

Este concilio es considerado por la Iglesia Ortodoxa como complementario de los concilios ecuménicos quinto y sexto y, por tanto, es también conocido como Concilio Quinisexto, emitió ciento dos cánones que, aunque firmados por los legados papales, fueron rechazados, en parte, por Sergio I, como el que aprobó que los hombres casados pudieran acceder al sacerdocio, lo que suponía una relajación de la regla del celibato, pero sobre todo por las decisiones que equiparaban la sede de Constantinopla con la de Roma.

Este rechazo a reconocer el sínodo provocó el enfrentamiento entre el papado y el emperador bizantino que llegó a intentar la detención y traslado a Constantinopla de Sergio I, para lo que envió a Roma una misión que fracasó debido al apoyo que el papa recibió de la milicia de Rávena y de la Pentápolis. El Emperador Justiniano II, irritado de que Sergio rehusase aprobar los Cánones del Concilio in Trullo, envió a Zacarías a Roma para prender al Papa, y conducirle a Constantinopla, pero habiendo los soldados tomado la defensa de Sergio, Zacarías hubo de implorar su protección para librarse del furor de las tropas.

Durante su pontificado surgieron dos antipapas (Teodoro II y Pascual I) y se llevó a cabo la conversión de los frisones. Sergio pudo extinguir el cisma de los Obispos de Istria.
Introdujo el Agnus Dei en la misa. Se le conmemora el 8 de septiembre.
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Autor: Xavier Villalta

septiembre 04, 2013

San Bonifacio I, Papa

San Bonifacio I, Papa
Septiembre 4

42 -San Bonifacio I: Roma; Diciembre 28 (29), 418 -Septiembre 22, 422.
Nació en Roma. Elegido el 28.XII.418, murió el 4.IX.422. La intervención de Carlos de Ravenna señaló el principio de la introducción del poder civil en la elección del Papa. Fue consagrado Papa siete meses después de ser elegido, por haberle sido contrapuesto el antipapa Eulalio.
Martirologio Romano: En Roma, en el cementerio de Máximo, en vía Salaria Nueva, sepultura de san Bonifacio I, papa, que trabajó para solucionar muchas controversias sobre disciplina eclesiástica (422).

Elegido el 28 diciembre del 418; falleció en Roma, el 4 de septiembre del 422. Poco se conoce de su vida previa a su elección. El "Liber Pontificalis" lo llama un romano, e hijo del presbítero Jocundus. Se cree que ge ordenado por el Papa Damasus I (366-384) y que fue representante de Inocencio I en Constantinopla (c. 405).

A la muerte del Papa Zosimus, la Iglesia Romana entró en el quinto de sus cismas, con el resultado de dobles elecciones papales que perturbaron su paz durante las primeras centurias. Poco después de las exequias de Zosimus, el 27 diciembre, 418, una facción del clero romano formada principalmente por diáconos, tomó la basílica de Lateran y eligió como papa al Archidiácono Eulalius. El alto clero intentó entrar, pero fue violentamente rechazado por una chusma de partidarios de Eulalian.

Al día siguiente, ellos se reunieron en la iglesia de Theodora y eligieron como Papa, contra su voluntad, al anciano Bonifacio, un sacerdote muy estimado por su caridad, conocimientos, y buen carácter. El domingo 29 diciembre, fueron consagrados los dos, Bonifacio en la Basílica de San Marcelo, apoyado por nueve obispos provinciales y unos setenta sacerdotes; Eulalius en la basílica de Lateran en presencia de los diáconos, unos pocos sacerdotes y el Obispo de Ostia que fue convocado desde su lecho de enfermo para ayudar en la ordenación. Los dos procedieron a actuar como papas, y Roma comenzó a vivir en una tumultuosa confusión por el ruido producido por las facciones de ambos rivales.


El Prefecto de Roma, Symmachus, hostil a Bonifacio, informó el problema al Emperador Honorius de Ravenna, y aseguró la confirmación imperial de la elección de Eulalius. Bonifacio fue expulsado de la ciudad. Sus partidarios, sin embargo, lograron hacerse oír por el emperador que convocó a un sínodo de obispos italianos en Ravenna para reunir a los papas rivales y discutir la situación (febrero, marzo, 419). Incapaz de alcanzar una decisión, el sínodo tomó unas pocas decisiones prácticas pendientes hasta un concilio general de obispos italianos, galos y africanos, a ser convocados en mayo para solucionar la dificultad. Pidió que ambos demandantes dejaran Roma hasta que se alcanzara una decisión, y prohibió el retorno bajo pena de condenación. Como Pascua, el 30 de marzo, estaba acercándose, Achilleus, Obispo de Spoleto, fue delegado para encabezar los servicios Pascuales en la vacante sede romana. Bonifacio fue enviado, aparentemente, al cementerio de Santa Felicitas en la Vía Salaria, y Eulalius a Antium.

El 18 marzo, Eulalius volvió audazmente a Roma, reunió a sus partidarios avivando nuevamente la disputa, y rechazó con desprecio las órdenes del prefecto para dejar la ciudad; tomó la basílica de Lateran el sábado Santo (29 marzo), decidido a presidir las ceremonias pascuales. Las tropas imperiales fueron convocadas para deponerlo y hacer posible para Achilleus dirigir los servicios. El emperador, profundamente indignado con estos procedimientos, se negó a considerar nuevamente las demandas de Eulalius reconociéndose a Bonifacio como Papa legítimo (3 de abril, 418). Este último volvió a Roma el 10 abril y ge aclamado por el pueblo.

Eulalius fue designado Obispo de Nepi en Toscana o de alguna sede en Campania, según los contradictorios datos de las fuentes del "Liber Pontificalis". El cisma había durado quince semanas. A comienzos de 420, la crítica enfermedad del papa, animó a los partidarios de Eulalius a hacer otro intento. Ya recuperado, Bonifacio pidió al emperador (1o. de julio, 420) prever alguna manera de evitar un nuevo cisma en el caso de su muerte. Honorius promulgó una ley estableciendo que, en el caso de elecciones Papales disputadas, no debe reconocerse ningún candidato, y debe efectuarse una nueva elección.
El reino de Bonifacio fue marcado por el gran celo y actividad en organizar la disciplina y la autoridad. Revirtió la política de su predecesor de dotar a ciertos obispos Occidentales con poderes extraordinarios del vicariato papal. Zosimus había dado a Patroclus, Obispo de Arles, extensa jurisdicción en las provincias de Viena y Narbonne, y lo había hecho intermediario entre estas provincias y la Sede Apostólica. Bonifacio disminuyó estos derechos primados y restauró los poderes metropolitanos de los obispos principales de provincias. Así él respaldó a Hilary, Arzobispo de Narbonne, en su elección de un obispo de la sede vacante de Lodeve, contra Patroclus que intentó designar a otro (422). Así, también, insistió para que Maximus, Obispo de Valencia, fuera juzgado por sus supuestos crímenes, no por un primado, sino por un sínodo de obispos galos, y prometió sostener su decisión (419). Bonifacio tuvo éxito en las dificultades de Zosimus con la Iglesia africana con respecto a las apelaciones a Roma y, en particular, en el caso de Apiarius.

El Concilio de Cartago, habiendo escuchado las presentaciones de los delegados de Zosimus, envió a Bonifacio el 31 mayo, 419, una carta en respuesta al commonitorium de su predecesor. Declaraba que el concilio había sido incapaz de verificar los cánones que los delegados habían citado como de Nicena, pero que más tarde resultaron ser de Sardican. Estaba de acuerdo, sin embargo en observarlos hasta que pudiera efectuarse la comprobación.

Esta carta se cita a menudo para ilustrar la actitud desafiante de la Iglesia africana ante la Sede Romana. Un estudio imparcial de la misma, sin embargo, debe llevar a una conclusión no más extrema que la de Dom Chapman: "fue escrita con considerable irritación, aunque en un muy estudiado tono moderado"(Revisión de Dublín. Julio, 1901, 109-119).

Los africanos estaban irritados ante la insolencia de los delegados de Zosimus y se indignaron por ser instados a obedecer leyes que pensaron no tenían una consistente fuerza en Roma.
Esto ellos se lo manifestaron a Bonifacio directamente; todavía, lejos de repudiar su autoridad, le prometieron obedecer las leyes sospechosas, mientras que reconocieron la función del Papa como guardián de la disciplina de la Iglesia.

En 422 Bonifacio recibió la apelación de Anthony de Fussula que, a través de los esfuerzos de San Agustín, había sido depuesto por un sínodo provincial de Numidia, y decidió que debía ser restaurado en el caso de que su inocencia se estableciera. Bonifacio apoyó ardientemente a San Agustín en su combate contra el Pelagianismo. Habiendo recibido dos cartas de Pelagian que calumniaban a Agustín, se las envió. En reconocimiento de esta lealtad Agustín dedicó a Bonifacio su respuesta, contenida en "Contra das Epístolas Pelagianoruin Libri quatuor".
En el Este, mantuvo celosamente su jurisdicción sobre las provincias eclesiásticas de Illyricurn, sobre las que el Patriarca de Constantinopla estaba intentando afianzar el mando a causa de volverse una parte del imperio Oriental. El Obispo de Thessalonica había sido constituido vicario papal en este territorio, mientras ejercía su jurisdicción por encima de los metropolitanos y obispos. Por las cartas a Rufus, el titular contemporáneo de la sede, Bonifacio vigiló estrechamente los intereses de la iglesia de Illyrian e insistió en la obediencia a Roma. En 421, el descontento expresado por ciertos obispos, a causa de la negativa del Papa para confirmar la elección de Perigines como Obispo de Corinto a menos que el candidato fuera reconocido por Rufus, sirvió como pretexto para que el joven emperador Theodosius II concediera el dominio eclesiástico de Illyricurn al Patriarca de Constantinopla (14 julio, 421).

Bonifacio protestó ante Honorius por la violación de los derechos de su sede, y prevaleció sobre él, que instó a Theodosius para que rescinda su promulgación. La ley no fue promulgada, pero permaneció en los códigos de Theodosian (439) y Justiniano (534) y causó muchos problemas a los papas subsiguientes. Por una carta del 11 marzo, 422, Bonifacio prohibió la consagración en Illyricum de cualquier obispo que Rufus no hubiera reconocido.

Bonifacio renovó la legislación del Papa Soter, prohibiendo a las mujeres tocar los sagrados linos o intervenir en el quemado de incienso. Dio fuerza a las leyes que prohibían a los esclavos ser clérigos. Fue enterrado en el cementerio de Maximus en la Vía Salaria, cerca de la tumba de su favorito, San. Felicitas en cuyo honor y en gratitud por su ayuda, le había erigido un oratorio encima del cementerio que lleva su nombre.
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