abril 26, 2013

San Marcelino, Papa y Mártir

San Marcelino, Papa y Mártir
Abril 26
 
29 -San Marcelino: Roma; Junio 30, 296 - Octubre 25, 304.
Nació en Roma. Mártir. Elegido el 30.VI.296, murió el 25.X.304. La persecución del Emperador Diocleciano alcanzó el máximo grado de violencia quemando iglesias y textos sagrados. Entre las víctimas S. Lucía, S, Inés, Santa Bibiana, S, Sebastián, San Luciano.
San MARCELINO (296-304) Nació en Roma. Fue pontífice cuando Diocleciano desató la décima persecución contra los cristianos. Ésta fue total. No hubo sector en el que ellos no fueran blancos: además de darles muerte, eran exiliados, se les excluía de los cargos y de las oficinas públicas, y se les expropiaban sus bienes. Las iglesias fueron destruidas, los textos sagrados quemados. Muchos fueron los mártires ilustres de esa época.

Marcelino fue acusado por los herejes donatistas de haber ofrecido un sacrificio a los ídolos para eludir la muerte. Pero la acusación era falsa. Sufrió el martirio el día de Navidad del año
304. Sus restos están custodiados en la iglesia romana de los SS. Apóstoles.
 
Hijo de un tal Proyecto, fue elegido papa bajo el reinado del emperador Diocleciano, quien, influenciado por las creencias cristianas de su esposa, tuvo en un primer momento un tratamiento benévolo hacía los cristianos.


Esta situación cambió cuando, en febrero de 303, el emperador Diocleciano persuadido por su césar Galerio, emitió un edicto contra la cristiandad por el que se expulsaba a los cristianos del ejercito, se confiscaron las propiedades de la Iglesia cerrándose o destruyéndose sus templos, se profanaron y quemaron los libros y vasos sagrados para, finalmente, tras dos incendios en el palacio del emperador cuya autoría se atribuyó a los cristianos, sentenciar a muerte a los que no apostataran de su fe.

Durante esta persecución Marcelino fue acusado por los donatistas de haber ofrecido sacrificios e incienso a los dioses paganos y de haber entregado los libros sagrados a las autoridades romanas. Estas acusaciones fueron posteriormente rebatidas por San Agustín.

Aunque la tradición cristiana lo considera mártir tras ordenar Diocleciano que fuera decapitado, Marcelino no figura como tal ni en el Martyrologium hieronymianum, ni en el Depositio episcoporum, ni en el Depositio martyrus.
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Se desconoce su fecha de nacimiento; fue elegido el 30 de junio de 296; murió en el 304. Según el “Liber Pontificalis” era romano, hijo de un tal Proyecto. El Catálogo Liberiano de Papas (ed. Duchesne, “Lib. Pot.” I, 6-7) da el 30 de junio como el día de su elección, y los años 296-304 como el período de su pontificado. Estas fechas, aceptadas por el autor del “Liber Pontificalis” son verificadas por esa fuente antigua. No nos ha llegado nada respecto a las actividades de este Papa en su papado de ocho años. Sabemos por el epitafio del diácono romano Severo en la catacumba de Calixto (De Rossi, “Roma Sotterranea”, III, 46 tav. V) que en ese tiempo se estaban construyendo nuevas cámaras en el cementerio principal de la Iglesia Romana. Severo dice que había separado un cubículo doble con luminare y arcosolium, "jussu papæ sui Marcellini". Esto sucedió antes del estallido de la gran persecución de Diocleciano; pues durante ésta la Catacumba de Calixto fue confiscada, al igual que los demás lugares de reunión públicos de la comunidad romana. De Rossi asume que los cristianos obstruyeron las galerías principales de la catacumba en ese tiempo, para evitar la profanación de las numerosas tumbas de los mártires enterrados allí. La persecución de Diocleciano, cuyos severos edictos contra los cristianos fueron ejecutados por Maximiano Herculio, causó la mayor confusión en la Iglesia Romana después de 303. Marcelino murió en el segundo año de la persecución y, con toda probabilidad, de muerte natural. Ninguna fuente confiable de los siglos IV y V lo mencionan a él como un mártir. Su nombre no aparece tampoco en la lista de mártires u obispos en el “Cronógrafo” romano del año 354. Tampoco es mencionado en el “Martyrologium Hieronymianum”.
 
 
El “Marcellinus episcopus” del 4 de octubre en el “Codex Bernensis” (ed. De Rossi-Duchesne, 129) probablemente no es idéntico al Papa. Al mencionar a Marcelino, Eusebio de Cesarea usa una expresión obscura; el sólo dice: “la persecución también lo afectó” (‘òn kaì a’utòn kateílephon ‘o diogmòs, Historia de la Iglesia, VII.32). De esto obviamente podemos concluir que el Papa no sufrió martirio, de otro modo Eusebio lo hubiera establecido claramente. Incluso hubo informes posteriores en circulación que lo acusaban de haber entregado los libros sagrados después del primer edicto, o aun de haber ofrecido incienso a los dioses, para protegerse de la persecución. Pero las fuentes en las que se establece este reproche son muy cuestionables.
 
El obispo donatista Petiliano de Constanino en África afirmó, en la carta que escribió en 400 y 410, que Marcelino y los sacerdotes romanos Melquíades, Marcelo y Silvestre (sus tres sucesores) habían entregado los libros sagrados y que habían ofrecido incienso. Pero no pudo aducir ninguna prueba. En las actas de la confiscación de las edificaciones eclesiásticas en Roma, la cual en la gran conferencia cartaginense entre católicos y donatistas fueron presentados por éstos últimos, sólo dos diáconos romanos, Straton y Casio, fueron nombrados como traidores. San Agustín, en sus respuestas a Petiliano, cuestiona la verdad del informe de los últimos (Contra Petiliano 2.202:  : "De quibus et nos solum respondemus: aut non probatis et ad neminem pertinet, aut probatis et ad nos non pertinet";
 
"De unico baptismo contra Petilianum", cap. xvi: "Ipse scelestos et sacrilegos fuisse dicit; ego innocentes fuisse respondeo"). Sólo se puede concluir de la acusación de Petiliano que tales rumores contra Marcelino y los sacerdotes romanos fueron circulados en África; pero que no pudieron ser probados, de otro modo Agustín no hubiese podido afirmar la inocencia de los acusados tan decididamente, o seguramente haberse referido al asunto en la conferencia de Cartago. Pero hasta en Roma se contaron historias similares sobre Marcelino en ciertos círculos, de modo que en dos informes legendarios posteriores una apostasía formal fue atribuida a este Papa, por supuesto, seguida por arrepentimiento y penitencia. La biografía de Marcelino en el “Liber Pontificalis”, la cual probablemente alude a una “passio” perdida de él, relata que fue llevado al sacrificio para que esparciera incienso, lo cual hizo. Pero a los pocos días fue embargado por el arrepentimiento, y Diocleciano lo condenó a muerte, junto con otros tres cristianos, y fue decapitado. Es claro que este informe intenta combinar un rumor de que el Papa había ofrecido incienso a los dioses, con el hecho de que, en otros círculos él era considerado un mártir y su tumba era venerada.
 
A comienzos del siglo VI, y bastante después de esta “passio Marcellini”, apareció una colección de documentos falsificados, los cuales fueron fabricados en la disputa entre el Papa San Símaco y Laurencio. Entre ellos se hallan actas apócrifas de un alegado sínodo de trescientos obispos, que se realizó en 303 en Sinuesa (entre Roma y Capua) a fin de investigar la acusación contra Marcelino de que él había sacrificado por órdenes de Diocleciano. En los primeros dos días Marcelino había negado todo, pero al tercer día el admitió su lapso y se arrepintió; sin embargo el sínodo no aprobó ninguna condena sobre él "quia prima sedes non judicatur a quoquam". Cuando Diocleciano se enteró de lo sucedido, hizo que el Papa y muchos obispos del sínodo fueran ejecutados (Hefele, "Konziliengeschichte", I, 2 Aufl. 143-45).
 
La falsedad de estas actas es casi segura. El falsificador ha sacado el mayor provecho al rumor de la caída de Marcelino para su propio propósito en un modo diferente al autor de la “passio”, que se deslizó al “Liber Pontificalis”. Estos fragmentos apócrifos no pueden por sí mismos ser considerados como prueba histórica, no más que los rumores en los círculos donatistas en África. Se acepta como cierto que el Papa no cumplió con el edicto imperial por un acto abierto, tal como entregar los escritos sagrados, o incluso de ofrecer incienso ante la estatua de un dios. Los autores contemporáneos sin duda le hubiesen dado la mayor prominencia a tal apostasía de un obispo romano. Eusebio no ha usado la antedicha idea. Y después, Teodoreto estuvo menos en la posición de establecer en su “Historia de la Iglesia”, que Marcelino había sido prominente en la persecución ’en tô diogmô diaprépsanta (Historia de la Iglesia I.2). Y Agustín no hubiese podido afirmar tan bruscamente en su respuesta a Petiliano, que Marcelino y los sacerdotes acusados con él de traidores y débiles (“lapsi”) eran inocentes.
 
Por otro lado es notable que en el “Cronógrafo” romano, cuya primera edición salió en 336, solamente falta el nombre de este Papa, mientras que sí aparecen todos los otros Papas desde el Papa San Lucio I. En ese manuscrito ciertamente está bajo el 16 de enero (XVIII kal. Feb.) el nombre Marcelino, pero claramente es un desliz de la pluma por “Marcelo”; pues la fiesta de este Papa se encuentra tanto en el "Martyrologium Hieronymianum" como en los antiguos libros litúrgicos romanos bajo esa fecha, mientras que en el “Liber Pontificalis” y, en conexión con ello, en los martirologios históricos del siglo IX, la fiesta de Marcelino es transferida al 16 de abril (Acta SS., June, VII, 185). Ciertos investigadores (Mommsen, de Smedt) rastrearon la falta del nombre de Marcelino a la omisión de un copista, debido a la similitud en los nombres, y en el “Depositio Episcoporum” ellos pretendían suplementar el “Cronógrafo”: XVII kal. Febr. Marcelli in Priscillæ VI kal. Maii Marcellini in Priscillæ (de Smedt, "Introductio in hist. eccl. critice tractandam", 512-13).
 
Pero esta hipótesis no es aceptada. Las fechas de la muerte de los Papas, tan lejos como Silvestre en la lista de sucesiones, son idénticas con los días del mes en las cuales se celebran sus fiestas. Así Marcelino debe venir primero después de Gayo, cuyo nombre es citado bajo la fecha X kal. Maii. Entonces Marcelino falta no sólo en el “Cronógrafo”, sino también en el "Martyrologium Hieronymianum", y en todas las listas de Papas de los siglos V y VI. Esta omisión es por lo tanto, no accidental, sino intencional.
 
En conexión con los rumores antes mencionados y las narrativas de los fragmentos apócrifos, ciertamente debe ser admitido que en ciertos círculos de Roma no se aprobaba la conducta del Papa durante la persecución de Diocleciano. Sabemos que en esta persecución sólo dos clérigos romanos fueron martirizados: el sacerdote Marcelino y el exorcista Petro. El obispo romano y los otros miembros del alto clero, excepto los clérigos antedichos, pudieron eludir a los perseguidores. No sabemos cómo sucedió esto. Es posible que el Papa Marcelino pudo esconderse a tiempo en un lugar seguro, como hicieron otros obispos. Pero es posible que al publicarse el edicto él aseguró su propia inmunidad; en los círculos romanos esto se le habría imputado como debilidad, de modo que su memoria sufrió por ello, y debido a ese relato es que fue omitido por el autor de el “Depositio Episcoporum” del “Cronógrafo”, mientras que encontró un lugar en el “Catálogo Liberiano”, que era casi contemporáneo. Pero su tumba era venerada por los cristianos de Roma, y luego fue reconocido como un mártir, como muestra la “passio”.
 
Marcelino murió en 304. No hay certeza sobre el día de su muerte; en el “Liber Pontificalis” su entierro es situado erróneamente el 26 de abril, y esta fecha se mantiene en los martirologios históricos del siglo IX, y de ellos, en los martirologios posteriores. Pero si calculamos la fecha de su muerte desde la duración de su pontificado dado en el Catálogo Liberiano, el habría muerto el 24 ó 25 de octubre de 304.
 
Su cuerpo fue sepultado en la Catacumba de Priscila en la Vía Salaria, cerca de la cripta donde el mártir Crescencio encontró su sepultura. La Catacumba de Calixto, el cementerio oficial de la Iglesia Romana, donde por muchas décadas habían sido enterrados los predecesores de Marcelino, evidentemente fue confiscada durante la persecución, mientras que la Catacumba de Priscila, que pertenecía a los Acilii Glabriones, estaba todavía a la disposición de los cristianos.
 
Los cristianos de Roma veneraban la tumba de Marcelino desde una fecha muy temprana. Las declaraciones precisas sobre su localización, en el “Liber Pontificalis”, indican esto. En uno de los itinerarios de las tumbas de los mártires romanos del siglo VII, en el "Epitome de locis ss. martyrum", se menciona expresamente entre las tumbas sagradas de la Catacumba de Priscila (De Rossi, "Roma sotteranea", I, 176).
 
En las excavaciones de esta catacumba la cripta de San Crescencio, al lado de la cual estaba la cámara sepulcral de Marcelino, estaba satisfactoriamente identificada. Pero no se descubrió ningún monumento que hiciera referencia a este Papa. La posición precisa de esta cámara mortuoria todavía es muy incierta. La perdida “passio” de Marcelino escrita hacia el final del siglo V, la cual fue utilizada por el autor del “Liber Pontificalis” muestra que él era honrado como un mártir de ese tiempo; sin embargo, su nombre aparece primero en el “Martirologio” de Beda, quien sacó su relato del “Liber Pontificalis” (Quentin, "Les martyrologes historiques", 103, sq.).
 
Esta fiesta se celebra el 26 de abril. Los breviarios antiguos, que siguen el relato del “Liber Pontificalis” concerniente a su caída y arrepentimiento, fueron alterados en 1883.
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Bibliografía: Liber Pontificalis, ed. DUCHESNE, I, 6, 7, 162-163; cf. Introduction, LXXIV sq. XCIX; Acta Sanct., April, III, 412-415, 999-1001; DE CASTRO, Difesa della causa di S. Marcellino, I, Pont. Rom. (Rome, 1819); LANGEN, Geschichte der römischen Kirche, I, 370-372; ALLARD, Histoire des persécutions, IV, 376-379; DUCHESNE, Histoire ancienne de l'Eglise, II, 92 sq.; MARUCCHI, Il sepolcro del papa Marcellino nel cimitero di Priscilla in Nuovo Bull. di archeol. crist. (1907), 115 sq.
 
Kirsch, Johann Peter. "Pope Saint Marcellinus." The Catholic Encyclopedia. Vol. 9. New York: Robert Appleton Company, 1910. <newadvent.org>. Transcrito por W G Kofron. Traducido por L H M.
Tomado de: ec.aciprensa.com

San Anacleto (Cleto), Papa y Mártir

San Anacleto (Cleto), III Papa y Mártir 
Abril 26 - Julio 13

3 -San Anacleto: (Cleto): Roma; 76-88.
Romano. Elegido en el 76. Murió en el 88 Mártir. Fijó las normas para la consagración de los Obispos. En el barrio Vaticano, cerca de la tumba de san Pedro, hizo construir un oratorio destinado a la sepultura de los mártires. Prescribió la forma de los hábitos eclesiásticos.
Martirologio Romano: En Roma, conmemoración de san Cleto, papa, el segundo que rigió la Iglesia Romana después de san Pedro. († 88)

¿Son dos o tan sólo uno?, por mucho tiempo se pensó que Anacleto y Cleto habían sido dos papas distintos del siglo primero. Después resultó claro que el segundo nombre era sólo una abreviación familiar del primero. Y así ha quedó registrado en la sucesión cronológica de los jefes de la iglesia de Roma: Anacleto o Cleto fue el tercero, después de Pedro y Lino.

Tercero, entonces, en la serie de papas. Sobre su origen sobreviven incertidumbres, algunos historiadores piensan que era nacido en Roma, pero su nombre de origen claramente griego deja una sombra de dudas sobre este tema.

Relatos muy antiguos le atribuyen la construcción de un santuario sepulcral llamado «Memoria», en el sitio del entierro de Pedro, en los jardines del Vaticano, territorio que entonces pertenecía al dominio imperial y formado por jardines, campos y tierras sin cultivar. A Anacleto se le atribuye también la disposición que prohibía a los hombres de Iglesia usar los cabellos largos, lo que sería un primer ejemplo de tonsura eclesiástica.

Su pontificado se desarrolla en algunos años de paz, bajo el emperador Vespasiano (que reina del 69 al 79), y bajo su hijo mayor Tito (79 al 81). En tiempos de este último Italia conoce una de las más importantes catástrofes de su historia: la erupción del Vesubio en agosto del 79, con la destrucción de Herculano y Pompeya. Y poco después Roma verá surgir el edificio destinado a convertirse en su emblema: el anfiteatro Flavio (Coliseo) para los juegos públicos, sede de luchas mortales entre gladiadores y de suplicios para los cristianos. El mismo lugar que diecinueve siglos después sería elegido por los sucesores de Pedro, Lino y Anacleto para presidir el Vía Crucis con el que se rememora el calvario de Cristo en Viernes Santo.

Finaliza pronto el reinado de Tito, y con el arribo de su hermano Domiciano comienza la persecusión. Pero no sólo contra los cristianos. De hecho, las primeras víctimas son los judíos, forzados a derivar al Estado el tributo debido al templo de Jerusalén destruido por Tito. Una persecución por razones financieras: porque las grandes obras públicas han desangrado las finanzas imperiales; también los judeocristianos deberán pagar. Después la persecusión va a ensañarse a los cristianos en general, no sólo contra sus bienes. Contra ellos se lanza la acusación de “ateísmo”, es decir, de no adorar a los dioses del Estado, y esta acusación comporta la pena capital.

No sabemos cómo murió Cleto; la persecusión a los cristianos continuó luego de su muerte. No se conoce el lugar de su sepultura, aunque es presumible que haya sido en los jardines vaticanos.
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Autor: Domenico Agasso | Fuente: santiebeati.it

abril 22, 2013

San Cayo, Papa y Mártir

San Cayo, Papa y Mártir
Abril 22
 
28 -San Cayo: Dalmacia; Diciembre 17, 283 - Abril 22, 296.
Nació en Salona (Calmacia). Mártir. Elegido el 17.XII.283 murió el 22. IV.296. Sufrió el martirio pero no por parte de Diocleciano su tío. Estableció que ninguno podía ser ordenado Obispo sin antes pasar por los grados de ostiario, lector, acólito, exorcista, subdiácono, diácono y sacerdote.
La memoria del papa San Cayo (283-296) va unida generalmente en la tradición a la de San Sotero, y por lo mismo se celebra el mismo día. Sin embargo, sus vidas no tienen de común más que el hecho de ser ambos obispos de Roma. La tumba de San Cayo es, ciertamente, una de las más veneradas en la catacumba de San Calixto de Roma. Mas, por otra parte, su recuerdo está rodeado de multitud de tradiciones y leyendas que impiden tener una idea clara y segura sobre su vida y su verdadera actuación durante su pontificado.
 
Algunos documentos antiguos atestiguan que Cayo era originario de Dalmacia. Por otra parte, se le supone pariente de Diocleciano y de los Santos Gabino y Susana. Por esto esa misma tradición afirma que vivía en Roma en una casa contigua a la de Gabino y Susana. De esta misma tradición o leyenda se hace eco el llamado Titulus Suzannae, en Roma, que ha llevado siempre el subtítulo de ad duas domos (junto a las dos casas).
 
Algunas de estas leyendas o tradiciones fueron transmitidas por las Actas de Santa Susana, y sobre estas Actas, según parece, están fundadas las noticias que nos transmite el Liber Pontificalis. Así, pues, no podemos tener ninguna seguridad sobre el origen de San Cayo y demás circunstancias indicadas.
 
En terreno seguro entramos con la noticia de la elección de Cayo en 283 para suceder en la Sede Romana al papa San Eutiquiano. Además consta que, transcurrida la persecución de Valeriano, la Iglesia atravesaba entonces un período bonancible. Gracias a esta paz, de que gozó el cristianismo durante casi todo el siglo III, sólo interrumpida por los breves chispazos de algunas persecuciones, se había ido robusteciendo extraordinariamente, y a fines del siglo III constituía ya una fuerza arrolladora, imposible de dominar. De esta paz se aprovechó el Romano Pontífice San Cayo para fomentar todas las instituciones de la Iglesia. Bajo su protección se desarrollaron las dos escuelas de Oriente, la de Alejandría y la de Antioquía, que por este tiempo habían llegado a un notable esplendor. Asimismo las Iglesias del Africa, después de San Cipriano († 258), de las Galias y de España, que presenta figuras de primer orden y celebra poco después el concilio de Elvira.
 
En realidad, aunque tenemos pocas noticias concretas, podemos afirmar que los trece años de pontificado de San Cayo fueron tranquilos y prósperos para la Iglesia. Una noticia, sin embargo, se nos comunica, que da a entender que, no obstante esta paz general, debió haber algún chispazo o conato de persecución. Porque, de hecho, sabemos que Cayo pasó algún tiempo escondido en la catacumba de San Calixto. Precisamente entonces se encontraba esta catacumba en su mayor esplendor. Después de los trabajos realizados en ella por el papa San Calixto, quedó ésta convertida en uno de los lugares más venerados de los cristianos. La cripta de los papas y la contigua de Santa Cecilia, los cubículos de los sacramentos y las antiguas criptas de Lucina, Liberio y Eusebio ofrecían a los cristianos los más vivos y palpitantes recuerdos. Por eso, ante los sepulcros de los papas y de los mártires, se reunían para celebrar los aniversarios de sus martirios y tal vez alguna de sus solemnidades litúrgicas.
 
De este modo, con la lectura de las Actas o Pasiones de los mártires, que era la manera más corriente de celebrar sus aniversarios, se alentaban sus espíritus, para las batallas que ellos mismos tenían que sostener. Allí, pues, en el interior de la catacumba de San Calixto, atestiguan antiguos documentos, pasó escondido algún tiempo el papa Cayo, sea porque amenazara alguna persecución, sea porque sintiera especial devoción en permanecer al lado de los mártires. Esto último pudo tener lugar, o bien al principio de su pontificado, en que el emperador Caro (282-283) inició una especie de persecución, o bien al principio del gobierno de Diocleciano, en que se siguió todavía algún tiempo en este estado de inseguridad.
 
Sobre esta base también de la persecución, iniciada por Caro en 283 y continuada algún tiempo con más o menos intensidad durante los años siguientes, adquieren especial consistencia los testimonios de la tradición, que nos presentan a San Cayo como el sostén más firme y el alentador de los cristianos, amenazados constantemente por la espada de la persecución. Según estos mismos documentos, tuvo que sufrir mucho en su constante trabajo de confirmar a los fieles en la defensa de su fe. En particular ponderan cómo aconsejó e indujo al patricio Cromacio para que acogiera a todos los cristianos en su casa de campo con el fin de protegerlos contra la persecución. Se refiere que un domingo entró él en la casa de Cromacio y dijo a los fieles allí reunidos: "Dios Nuestro Señor, conociendo la debilidad humana, ha establecido dos grados entre los que creen en Él: la confesión y el martirio, para que los que no se crean con fuerzas para poder sufrir los rigores de los tormentos al menos conserven la gracia para su confesión. Así, pues —continuó—, los que prefieran permanecer en la casa de Cromacio queden aquí con Tiburcio, y los que quieran venir conmigo a la ciudad síganme.
 
Con esta ocasión, según se refiere, ordenó diáconos a Marco y Marcelino, y presbítero a su padre Tranquilino; entonces nombró a Sebastián defensor de la Iglesia y de los fieles y dio pruebas de la mayor ternura hacia todos ellos. El Liber Pontificalis, por su parte, atribuye a San Cayo el decreto por el que establecía los diversos grados de la jerarquía anteriores al episcopado, es decir, de ostiario, lector, acólito, exorcista, subdiácono, diácono y presbítero, y asimismo la división de Roma en distritos. Sin embargo, no pueden admitirse estas noticias, pues ya en 250, según atestigua Eusebio en su Historia Eclesiástica (VI, c. 43), son enumerados todos estos grados de la jerarquía. Tal vez no hizo él otra cosa que conmemorarlos de nuevo expresamente.
 
Respecto de su muerte, no se sabe con certeza si fue mártir. Consta con toda evidencia que, después de su muerte, su memoria fue rodeada de gran veneración. Pero la primera redacción del Liber Pontificalis le designa expresamente como confesor. Posteriormente, en una nueva redacción, se añadió la expresión fue coronado con el martirio; pero esto no está conforme con los hechos. Además, el nombre del papa San Cayo está en la Deposición de los obispos, o Catálogo de los obispos, y no en la Deposición de los mártires. Para explicar estas divergencias el cardenal Orsi escribió: "El título de mártir no parece que se le pueda aplicar a Cayo, sino a causa de los malos tratos sufridos por él en los primeros años de Diocleciano, cuando este emperador permitió continuara en Roma la persecución iniciada por Caro".
 
De hecho, a partir del siglo IV, todos los calendarios romanos señalan el 22 de abril como el día de su muerte y de su fiesta. Lo mismo repiten los calendarios medievales y Beda el Venerable.
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BERNARDINO LLORCA, S. I. - mercaba.org

San Sotero, Papa y Mártir

San Sotero, XII Papa y Mártir
Abril 22

12 -San Sotero: Campania; 166-175.
Nació en Fondi. Mártir. Elegido en 166, murió en 175 se lo define como el papa de la Caridad. Prohibió a las mujeres quemar incienso en las reuniones de los fieles. Confirmó que el matrimonio es un sacramento y sin ningún valor si no ha sido bendecido por un Sacerdote.
Martirologio Romano: En Roma, san Sotero, papa, del que san Dionisio de Corinto alaba su egregia caridad hacia los hermanos y a los extranjeros necesitados y oprimidos por la necesidad o condenados a las minas (175).

Etimológicamente: Sotero = Aquel que nos puede salvar, es de origen griego.
Pocas cosas se conocen con certeza sobre su vida lejanísima en el tiempo. Las fuentes que nos hablan de él son el Liber Pontificalis y la Historia Eclesiástica de Eusebio. Sabemos que ejerció su pontificado entre los años 166 y 175, entre los papas Aniceto y Eleuterio, y siendo emperador Marco Aurelio. Fue una época de relativa paz y tranquilidad, aunque no faltaron chispazos de persecución como los que quitaron la vida al apologeta san Justino, a los mártires de Lyon, a los de Vienne, al obispo san Potino, a los diáconos Santo y Atalo, a la esclava Blandina, al niño Pontico y a otros más, y muy probablemente al mismo papa Sotero. También conocemos que era originario de Fondi, en la Campania y que su padre se llamaba Concordio.

Un dato del que tenemos constancia por el Liber Pontificalis es que llegó a prohibir a las mujeres tocar los sagrados corporales y quemar incienso durante las celebraciones litúrgicas. Bien pueden ser calificadas estas dos disposiciones de anacrónicas o de simplemente de anecdóticas en un primer golpe de vista. Pero lo que refiere el Liber Pontificalis nos pone en la pista de algo que tuvo que encauzar como Sumo Pontífice en el gobierno de la Iglesia y ciertamente el asunto era importante.

Había aparecido en Frigia, ahora parte de Turquía, un sujeto llamado Montano. Afirmaba haber tenido una visión y se aplicó a proclamarla; vamos, que se dedicó a hacer de profeta. Predecía el fin del mundo inminente, urgía utópicamente la necesidad de una vida perfecta, prohibía el matrimonio y mandaba adoptar la más rigurosa y estricta penitencia. Se afanó en predicar el rigorismo más extremo a la búsqueda de una vida pura y sin pecados.

Advertía que los culpables de pecados graves no podrían obtener el perdón por no disponer la Iglesia de ese poder. Fue capaz de trasmitir esta doctrina equivocada gracias al apoyo que le prestaron las mujeres, por lo general más dóciles y emotivas, principalmente Maxila y Pricila en las que encontraba ayuda. A ellas les concedió un intervencionismo desmesurado en las celebraciones cultuales totalmente desconocido e inusual en su tiempo.

Ya se ve que tal enseñanza y práctica -además de ser inhumana- se oponía diametralmente a la fe de la Iglesia que siempre creyó en la misericordia infinita de Dios, enseñó la santidad del matrimonio y administró el total perdón de los pecados; como, además, sembraba entre los fieles desconcierto, confusión, amargura y pesimismo, tuvo que intervenir la jerarquía contra el disparate teórico-práctico que llegó a llamarse por su origen montanismo. Y al papa Sotero le tocó ser el primero en afrontar esta herejía desde todos los ángulos, defendiendo las verdades evangélicas. Con respecto a la intervención en el culto por parte de las mujeres, se limitó a recordar a las señoras la praxis vigente en el momento.

Sabemos también que Sotero ordenó a un buen número de diáconos, presbíteros y once obispos para la atención pastoral de diversos territorios.

Otra nota característica suya es la práctica exquisita de la caridad. Su desvelo por los pobres y los necesitados, fácilmente presumible en cualquier papa, debió ser excepcionalmente notorio. Se conserva un fragmento de la carta que escribe Dionisio, el obispo de Corinto, a la iglesia de Roma, alabando el hábito que se da entre esos fieles con respecto a la comunicación de bienes y en ella se afirma que "vuestro obispo Sotero no sólo conservó esta costumbre, sino que aún la mejoró, suministrando abundantes limosnas, así como consolando a los infelices hermanos con santas palabras y tratándolos como un padre trata a sus hijos".

Se desconocen detalles de su martirio y hoy no existen datos por los que pueda demostrarse históricamente; pero los martirologios más antiguos incluyen su nombre entre los mártires y en el día veintidós de abril.

Pocos son los datos; pero parecen suficientes a la hora de tener devoción a un sucesor de Pedro que supo cumplir su encargo manteniendo el rumbo de la Barca hacia el Puerto.
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Fuente: Archidiócisis de Madrid

abril 20, 2013

San Aniceto, Papa y Mártir

San Aniceto, XI Papa y Mártir
Abril 20


11 -San Aniceto: Siria; 155-166.
Nació en Siria. Mártir. Elegido en el 155, murió en el 166. Promulgó un decreto que impedía al clero dejarse crecer el pelo. Confirmó definitivamente la celebración de la Pascua en Domingo, según la tradición de San Pedro.
Martirologio Romano: En Roma, san Aniceto, papa, que recibió fraternalmente como huésped insigne a san Policarpo, para tratar juntos acerca de la fecha de la Pascua (c. 166).

Etimológicamente: Aniceto = Aquel hombre de gran fuerza, es de origen griego.
Las noticias que tenemos sobre su vida son pocas. Es el décimo sucesor de San Pedro; fue Papa entre San Pío I y San Sotero; rigió a la Iglesia por el tiempo que duran once años- desde el 155 al 166- y era originario de Emesa, en Siria.

Las circunstancias en las que trabajó vienen dadas por la situación social, política, económica y cultural de la época. En el siglo II se utilizaba el griego como lengua cultual; los Papas suelen ser provenientes de familias humildes del pueblo; ser elegido para ese servicio era elección para el martirio (hasta el siglo IV todos los Papas dieron su vida por la fe).

El cuidado o servicio a los hermanos tenía que ser intenso, sacrificado, valiente, generoso y muy exigente pero lleno de bondad. Los discípulos de Jesús que aumentaban cada día llevaban aún una existencia precaria aún en los períodos de paz. Incluso con los Antoninos, la muerte para el cristiano podía estar detrás de cualquier acusación o acontecimiento; hasta el estoico Marco Aurelio pensó que la paciencia de los mártires cristianos era fanatismo.

Había que esforzarse en llevar a los paganos el misterio, porque el Reino era también para darlo a ellos. Fué preciso contrarrestar a los pensantes paganos listos que, con sarcasmo, ironía y calumnia, ridiculizaban el espíritu y vida de los cristianos. Por eso la fe se hizo, además, apología.

A los cuidados hacia fuera hay que añadir la atención primaria de la grey con los problemas que surgen desde dentro. Ya pululaban por doquier versiones cristianas de fe que no coincidían con el genuino modelo y era preciso mantener a cualquier precio la pureza de la fe recibida. Esa era la situación del complejo sistema que luego se llamó gnosticismo -se tienen por cristianos y enseñan el secreto conocimiento de lo divino, reciben influencias platónicas y de religiones dualistas persas, forman grupos cerrados, niegan la muerte expiatoria de Jesús y rechazan la resurrección del cuerpo terrenal-.

Marción era gnóstico, vivió en Roma y en tiempo del Papa Aniceto; decía que había dos principios: el bueno era Dios y el espíritu maléfico creó el mundo, la materia y el cuerpo; se hizo rico con negocios navieros; hacía estrago entre los cristianos sembrando confusión y negando el valor del cuerpo con su rigorismo extremo.

En estos cuidados discurrió la vida de Aniceto.
Hubo un asunto peculiar que merece comentario. Policarpo viene a Roma para tratar con el Papa un tema serio. Él fue en su tiempo discípulo directo de San Juan, el apóstol joven, y ahora es el obispo de Esmirna. Con sus ochenta y cinco años quiere dejar acordada la fecha de la principal fiesta cristiana. Los de Oriente siguen la tradición joánica, mientras que los de Occidente siguen la tradición de Pedro. No llegaron a ponerse de acuerdo. Es una cuestión -la de la Pascua- que tardará en resolverse hasta el concilio de Nicea. Pero se despiden en comunión sin romper la unidad ni quebrantar la caridad ¡Todo un ejemplo!

No hay datos explícitos y concluyentes sobre el lugar y modo de su tránsito. El Liber Pontificalis -aunque empleando una expresión extraña por lo inusual- lo coloca entre los mártires; luego, la tradición constante de los martirologios habla de martirio y señala la fecha del 17 de abril, aunque no es unánime. En lo referente al lugar de su enterramiento, se señala en cementerio de san Calixto, donde con frecuencia se enterró a los Papas.

La reliquia de su cabeza fue entregada al arzobispo de Munich, Minucio, en el año 1590, y se venera en la iglesia que rigen los jesuitas en la ciudad. Los restos reposan en el sarcófago que soporta el altar Mayor -el que consagró el cardenal Merry del Val en 1910- de la capilla del Pontificio Colegio Español de Roma; fueron traslados al que entonces era palacio renacentista de los duques de Altemps, en el año 1604. Por eso, en la bóveda está pintada, entre guirnaldas barrocas y múltiples amorcillos, la apoteosis de San Aniceto, con capa desplegada y ascendiendo al cielo.
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Fuente: Archidiócesis de Madrid

abril 19, 2013

San León IX, Papa

San León IX, CLII Papa
Abril 19

152 -San León IX (X) (Bruno): Alsacia; Febrero 12, 1049 - Abril 19, 1054.
Nació en Lorena. Elegido el 12.III.1049, murió el 18.IV.1057. Fue elegido libremente por el clero y el pueblo romano. Llegado a Roma quiso entrar a pies descalzos como signo de humildad. Excomulgó a Miguel Cerulario que creó el cisma de la Iglesia griega de latina no extinguida aún.
Martirologio Romano: En Roma, en la basílica de San Pedro, san León IX, papa, que primero fue obispo de Tulle durante veinticinco años, en donde defendió enérgicamente a su comunidad, y una vez elegido para la sede romana, reunió varios sínodos para acordar la reforma de la vida del clero y la extirpación de la simonía. († 1054)

Fecha de canonización: En el año 1082 por el Papa Gregorio VII.

Se llamaba Bruno de Dagsburgo y estaba emparentado con la familia real de Alemania. Había nacido en 1002, en Alsacia, de un hogar cristiano y muy culto.

A temprana edad comenzó a estudiar en la escuela episcopal de Toul, y ya en su juventud dio muestras de estar dotado de notables cualidades. En este tiempo, padeció de una grave enfermedad, cuya curación se atribuyó a san Benito. Desde entonces profesó una especial devoción al santo patriarca.

Canónigo de la iglesia de san Esteban, en Toul, a la muerte del obispo de dicha ciudad fue designado para sucederlo. Un año después su pariente Conrado II - llamado el Sálico, fundador de la casa de Franconia - se hizo proclamar en Italia emperador romano.

Bruno fue un obispo enérgico y austero, que restauró la disciplina un tanto alicaída de los monasterios y defendió con firmeza los derechos de la Iglesia. A la muerte del papa Dámaso II, en 1048, se eligió a Bruno para ocupar el solio pontificio, siendo coronado a comienzos del año siguiente con el nombre de León IX. En este nuevo y alto cargo desplegó una intensa actividad. Promovió la reforma del clero y las buenas costumbres del pueblo; convocó varios sínodos diocesanos que condenaron severamente la simonía y la venta de indulgencias, práctica entonces muy arraigada, y trató de intensificar la vida monacal.

Se mantuvo en permanente contacto con san Hugo, abad de Cluny, y con Halinard, arzobispo de Lyon, organizador de uno de los movimientos reformistas de Francia. Al mismo tiempo, llamó a su lado como colaboradores a los hombres más eminentes del clero, entre ellos al monje Hildebrando, futuro san Gregorio VII, el pontífice más grande de su siglo y uno de los mayores en toda la historia de la Iglesia.

Realizó numerosos viajes, visitando las distintas diócesis, en ocasiones, para reconciliar a soberanos enemistados. Cruzó los Alpes, llegó a Sajonia, luego a Colonia, a Toul, a Reims, a Metz, a Magnucia.

San León IX había sido designado sumo pontífice por su pariente el emperador Enrique III, hijo y sucesor de Conrado II. Sin embargo, él fue el primero en proponer que en el futuro los papas fuesen elegidos entre los cardenales. Tal disposición se hizo definitivamente efectiva en 1059.

Miguel Cerulario, patriarca de Constantinopla, censuró a la Iglesia de Occidente a causa de algunas normas disciplinarias y litúrgicas que diferían de las de Oriente. Era un pretexto para realizar la separación y situarse a la cabeza de la Iglesia Griega. San León IX le escribió una notable carta y envió una embajada a Constantinopla, pero no pudo evitar el cisma, que se produjo en 1054.

Enfermo, sintió que la muerte estaba cercana. Colocado su lecho junto al altar mayor de San Pedro, como era su deseo, murió el 19 de abril de 1054.
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Autor: P. Ángel Amo | Fuente: Catholic.net

abril 12, 2013

San Julio I, Papa

San Julio I, XXXV Papa
Abril 12

35 -San Julio I: Roma; Febrero 6, 337- Abril 12, 352.
Nació en Roma. Elegido el 6.II 337, murió el 12.IV.352. Fijó para la Iglesia de Oriente la solemnidad de Navidad el 25 de diciembre en vez del 6 de enero, junto con la Epifanía. Se le considera el fundador del archivo de la Santa Sede, porque ordenó la conservación de los documentos.
Martirologio Romano: En Roma, en el cementerio de Calepodio, en el tercer miliario de la vía Aurelia, sepultura del papa san Julio I, quien, frente a los ataques de los arrianos, custodió valientemente la fe del Concilio de Nicea, defendió a san Atanasio, perseguido y exiliado, y reunió el Concilio de Sárdica. († 352)

Fecha de canonización: Información no disponible, la antigüedad de los documentos y de las técnicas usadas para archivarlos, la acción del clima, y en muchas ocasiones del mismo ser humano, han impedido que tengamos esta concreta información el día de hoy. Si sabemos que fue canonizado antes de la creación de la Congregación para la causa de los Santos, y que su culto fue aprobado por el Obispo de Roma: el Papa.

Se conocen pocos datos de su vida anterior a la elección para Sumo Pontífice el 6 de febrero del 337, muerto el papa Marcos y después de ocho meses de sede vacante. El Liber Pontificalis nos dice que era romano y que su padre se llamaba Rústico.

La primera de las actuaciones que deberá realizar -que le seguirá luego por toda su vida- está directamente relacionada con la lucha contra el arrianismo. Había sido condenada la herejía en el Concilio universal de Nicea, en el 325; pero una definición dogmática no liquida de modo automático un problema, cuando las personas implicadas están vivas, se aferran a sus esquemas y están preñadas de otros intereses menos confesables.

A la muerte del emperador Constantino, por decreto, pueden regresar a sus respectivas diócesis los obispos que estaban en el destierro. Es el caso de Atanasio que vuelve a su legítima sede de Alejandría con el gozo de los eclesiásticos y del pueblo. Pero los arrianos habían elegido para obispo de esa sede a Pisto y comienzan las intrigas y el conflicto. El Papa Julio recibe la información de las dos partes y decide el fin del pleito a favor de Atanasio.

Eusebio de Nicomedia, Patriarca proarriano con sede en Constantinopla, envía una embajada a Roma solicitando del papa la convocatoria de un sínodo. Por su parte, Atanasio -recuperadas ya sus facultades de gobierno- ha reunido un importante sínodo y manda al papa las actas que condenan decididamente el arrianismo y una más explícita profesión de fe católica.

Julio I, informado por ambas partes, convoca el sínodo pedido por los arrianos. Pero estos no envían representantes y siguen cometiendo tropelías.

Muere Eusebio y le sucede Acacio en la línea del arrianismo. Otro sínodo arriano vuelve a deponer a Atanasio y nombra a Gregorio de Capadocia para Alejandría.

El papa recoge en Roma a los nuevamente perseguidos y depuestos obispos con Atanasio a la cabeza. Como los representantes arrianos siguen sin comparecer, Julio I envía pacientemente a los presbíteros Elpidio y Filoxeno con un resultado nulo en la gestión porque los arrianos siguen rechazando la cita que pidieron.

En el año 341 se lleva a cabo la convocatoria del sínodo al que no quieren asistir los arrianos por más que fueron ellos los que lo solicitaron; ahora son considerados por el papa como rebeldes. En esta reunión de obispos se declara solemnemente la inocencia de Atanasio; el papa manda una encíclica a los obispos de Oriente comunicando el resultado y añade paternalmente algunas amonestaciones, al tiempo que mantiene con claridad la primacía y autoridad de la Sede Romana.
Los arrianos se muestran rebeldes y revueltos; en el mismo año 341 reúnen otro sínodo en Antioquía que reitera la condenar a Atanasio y en el que se manifiestan antinicenos.

Estando así las cosas, el papa Julio I decide convocar un concilio más universal. En este momento se da la posibilidad de contar con la ayuda de Constancio y Constante -hijos de Constantino y ahora emperadores- que se muestran propicios a apoyar las decisiones del encuentro de obispos arrianos y católicos. El lugar designado es Sárdica; el año, el 343; el presidente, el español -consejero del emperador- Osio, obispo de Córdoba. El papa envía también por su parte legados que le representen.
Pero se complican las cosas. Los obispos orientales arrianos llegan antes y comienzan por su cuenta renovando la exclusión de Atanasio y demás obispos orientales católicos. Luego, cuando llegan los legados que dan legitimidad al congreso, se niegan a tomar parte en ninguna deliberación, apartándose del Concilio de Sárdica, reuniendo otro sínodo en Philipópolis, haciendo allí otra nueva profesión de fe y renovando la condenación de Atanasio. El bloque compacto de obispos occidentales sigue reunido con Osio y los legados.

Celebran el verdadero Concilio que declara la inocencia de Atanasio, lo repone en su cargo, hace profesión de fe católica y excomulga a los intrusos rebeldes arrianos. Como conclusión, se ha mantenido la firmeza de la fe de Nicea, reforzándose así la ortodoxia católica.

Aún pudo Julio I recibir una vez más en Roma al tan perseguido campeón de la fe y ortodoxia católica que fue Atanasio, cuando va a agradecer al primero de todos los obispos del orbe su apoyo en la verdad, antes de volver a Alejandría.

Julio I escribirá otra carta más a los obispos orientales y de Egipto.

En los 15 años de papado, sobresale su gobierno leal no exento de muchas preocupaciones y desvelos por defender la verdad católica. La lealtad a la fe y la búsqueda de la justicia en el esclarecimiento de los hechos fueron sus ejes en toda la controversia posnicena contra el arrianismo. Su paciente gobierno contribuyó a la clarificación de la ortodoxia fortaleciendo la primacía y autoridad de la Sede Romana.
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Fuente: Archidiócesis de Madrid

abril 03, 2013

San Sixto I, Papa y Mártir

San Sixto I, VII Papa y Mártir
Abril 3

7 -San Sixto I: Roma; 115-125.
Romano. Elegido en el 115, murió en el 125. Enterrado en la Acrópolis de Alatri (Frosinone). Prescribió que el retazo del cáliz fuese de lino y ordenó que el cáliz y paramentos sagrados fuesen tocados solamente por los sacerdotes. Estableció se cantase el Trisagio antes de la Misa.
Martirologio Romano: En Roma, san Sixto I, papa, que en tiempo del emperador Adriano rigió la Iglesia Romana, siendo el sexto tras el bienaventurado Pedro (128).

Etimológicamente: Sixto = Aquel que es listo, es de origen griego.

El Papa San Sixto I (en los documentos más antiguos se usa "Xystus" para los primeros tres papas con ese nombre), sucedió a San Alejandro y fue sucedido por San Telesforo.

Según el “Catálogo Liberiano” de papas, fue la cabeza de la Iglesia durante el reino de Adrián "a conulatu Nigri et Aproniani usque Vero III et Ambibulo", es decir, desde 117 hasta 126. En su “Chronicon” Eusebio usó un catalogo de papas distinto al que usó en su “Historia ecclesiastica”; en su “Chronicon” dice que Sixto I ocupó la posición de papa de 114 a 124, mientras que en su “Historia” menciona que fue papa de 114 a 128.
Todas las autoridades concuerdan en que la duración de su papado fue de cerca de diez años.
Era Romano por nacimiento, y su padre se llamaba Pastor. Según el "Liber Pontificalis", pasó las tres ordenanzas siguientes:

1.- que no se le permita a nadie excepto por los sacerdotes tocar los Vasos Sagrados
2.- que los obispos que han sido convocados a la Santa Sede, no sean recibidos por su diócesis hasta que presenten las Cartas Apostólicas
3.- que después del prefacio en la Misa, el sacerdote recite el Sanctus junto con los fieles.

El “Catálogo Feliciano” de papas y las varias martirologías lo titulan de mártir.
Fue enterrado en el Vaticano junto a la tumba de San Pedro, y se dice que sus reliquias fueron transferidas a Alatri en 1132, aunque O Jozzi sostiene que todavía están en la Basílica Vaticana. Butler (Vidas de los Santos, 6 de Abril) dice que Clemente X le dio algunas de sus reliquias al Cardenal de Retz, quien las puso en la Abadía de San Miguel en Lorraine.

El Xystus a quien se conmemora en el Canon de la Misa es Xystus II, no Xystus I.
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Fuente: ACI Prensa

abril 02, 2013

Escudo Pontificio de San Juan Pablo II

El escudo del Papa Juan Pablo II quiere ser sobre todo un homenaje al misterio central del cristianismo, el misterio de la redención.
Por ello presenta una cruz, si bien de forma distinta de los modelos acostumbrados en heráldica. La razón de que el brazo vertical de dicha cruz esté algo desplazado hacia la izquierda queda patente al ver el tema que figura en la parte derecha: una M mayúscula, grande y majestuosa, que recuerda la presencia de María al pie de la cruz y su participación excepcional en la redención.
La fuerte devoción del Pontífice a la Santísima Virgen se manifiesta así y estaba ya expresada en el lema del cardenal Wojtyla: «Totus tuus».
No se debe olvidar que precisamente en el territorio de la provincia eclesiástica de Cracovia está enclavado el celebérrimo Czestochowa, donde desde have siglos el pueblo polaco centra su devoción a la Virgen.
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Fuente: vatican.va